La historia social de la globalizacion centroamericana

 

 

La historia centroamericana del último siglo ha sido labrada por movimientos de liberación, seguidos por cruentas dictaduras militares y el restablecimiento del status quo, que generó el precedente levantamiento social. Al mismo tiempo que acompañada por cambios paradigmáticos de los patrones de explotación, impuestos por las metrópolis coloniales de antaño y las potencias imperiales de hoy.

 

Donde los viejos terratenientes de latifundio y látigo en mano, se modernizaron pasando a la pólvora y  la bala, se vistieron de camisa, de guayabera y mas tarde de corbata, para vivir del nuevo bussines agrario. Se convirtieron más tarde en políticos, militares y nuevos empresarios.

Los mismos que despojaron de sus tierras a campesinos e indígenas allá por el 1890 en la llamada Reforma Liberal, luego les dieron trabajo en las nuevas haciendas de café y las transnacionales de la fruta en el siglo XX, y mas tarde, les ofrecieron un salario de hambre, amparados bajo las nuevas leyes neoliberales.

 

Con el viejo cuento de la modernización democrática nos impusieron la globalización neoliberal, que se convirtió en religión y el Consenso de Washington en sus diez mandamientos; instrucciones para el desmantelamiento del estado nacional y vía libre al business de la privatización.

 

Al campesino lo dejaron solo y lo expulsaron de su mundo rural. Empujado a la modernización sin paracaídas, llego a las ciudades donde la abundancia de trabajadores desempleados derrumbó los salarios y la apertura a las importaciones dejaron en la calle a zapateros, panaderos y pequeños artesanos, abriendo  las puertas al desempleo masivo y al triunfo de la maquila.

…Las maquilas, con sus enormes hangares plateados en filas ordenadas, sobresalían en el paisaje con sus arquitecturas foráneas, allá donde surgían desordenadamente, casitas humildes montadas con pedazos de hierro sin nombre, troncos sin labrar y paredes de lata.

La emigración internacional y con esta el destierro, fue el siguiente eslabón de esta cadena de transformaciones que favorecieron al proyecto neoliberal, quitándole presión social al sobrecargado mercado laboral e inyectando las remesas a este nuevo y frágil modelo económico.

Los tratados de libre comercio fueron el lubricante para el saqueo neocolonial, institucionalizando el trabajo sucio de la nueva explotación.

 

América Central pequeño gigante entre dos océanos se está despertando y es hoy terreno de experimentación del surgir de una serie de proyectos construidos por y para los históricamente empobrecidos, que luchan por la emancipación y la soberanía, acompañados por nuevos gobiernos que han bloqueado la devastación neoliberal, abriendo un periodo post-neoliberal en Centroamérica.

Son gobiernos como el Sandinista que ponen en discusión el consenso de Washington y dirigen su mirada a su pueblo, a su pobreza con rostro infantil, femenino e indígena.

 

Las secuelas de estas dos décadas de neoliberalismo sin tapujos, se han ocupado de juntar el disenso tanto rural de campesinos e indígenas, como urbano de trabajadores y desempleados y el hambre neoliberal  se encargó de unirlos en una resistencia popular para construir un nuevo socialismo y un nuevo futuro con todas las manos centroamericanas, que han desenterrado los viejos fusiles del los ochenta, para clavarlos boca abajo en las ciudades para “la batalla de ideas ”.

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La globalización a la centroamericana Indice, Introducción, Presentación

 

LA GLOBALIZACION A  LA CENTROAMERICANA José Carlos Bonino Jasaui Portada

Índice …………………………………………………………………………………….….. 3

Presentación ………………………………………………….…………………………………… 5

Introducción ………………………………………………………………………………… 6

 

 

CAPITULO 1

 

La formación del estado nación 1873 – 1989

Un siglo de luchas sociales, entre resistencia y autonomía

 

Antes de la Reforma Liberal

 

La reforma liberal y la construcción de la nación ………………….…..……..9

Una tragedia indígena y campesina

Las rebeliones de los treinta …………………..………………….……………….. 11

Contra el filibusterismo y la explotación

 

Los movimientos guerrilleros de los ochenta ………………………………….. 15

Por el sendero de Farabundo y Sandino

 

El consenso de Washington ………………………………………………….…….. 16

Tecnología burocrática para privatizar

 

Nicaragua ………………………………………………………………………………… 20

 

Honduras …………………………………………………………………………………. 22

 

El Salvador ……………………………………………………………………………… 24

 

Guatemala ……………………………………………………………………………….. 26

 

CAPITULO 2

 

Las secuelas neoliberales 1989 – 2007

Privatizaron la carne y socializaron los huesos

 

Abandono estatal y descampesinización regional …………………………….. 27

Sembrando sin zapatos, el campesino se quedó solo

 

Éxodo rural y hacinamiento en las ciudades ……………………………….….. 30

Ingeniería social, del campo a la ciudad…

 

Mano de obra barata y subcontratación ………………………………………… 32

Ex-campesinos y desempleados: el triunfo de la maquila

 

Subempleo en patria o emigración ………………………………………………… 33

Los expatriados sustentan el nuevo modelo económico

 

Tratados de libre comercio y lex mercatoria ……………………………………. 35

La modernización de la injusticia, como ley mundial

 

La Alternativa Bolivariana para nuestra América ………………………….. 40

“Si los ricos la odian tanto, debe ser una cosa buena para los pobres”!

 

 

CAPITULO 3

 

Globalización y transformaciones

La rebeldía del hambre, solo el pueblo salva al pueblo!

 

Nueva jerarquía social …………………………………………………………….… 42

Integrada por arriba y fragmentada por abajo

La globalización a la centroamericana …………………………………………. 45

Un minucioso proyecto neocolonizador

 

Actores fácticos, nuevos sujetos de poder ………………………………………. 46

La impunidad, retaguardia de la violencia para-estatal

 

La pobreza neoliberal causa estragos en la mayoría …………………….….. 51

¡Solo el pueblo salva al pueblo!

 

Agradecimientos y viajes.………………….……….….………………………..…… 53

 

Bibliografía …………………………………………………………………….…..…… 54

Presentación

El presente texto de José Carlos Bonino es un esfuerzo importante en el marco de la nueva tendencia sociológica de la historia durante el último siglo. Enfoca fundamentalmente las luchas más o menos sistemáticas de las grandes mayorías populares empobrecidas que a partir de fines del siglo pasado han logrado un importante avance para saltar a posiciones de poder en Centroamérica.

Es un texto en consecuencia que narra desde la experiencia empírica estos cambios.

Una narración ensayística entre historia social y experiencia testimonial,  que sólo se explica como consecuencia de un intenso trabajo de campo entre periodismo investigativo e investigación  social. Este último enriquecido con la aplicación de técnicas etnográficas

Por tratarse de un texto que busca descubrir el impacto de la globalización occidental en Centroamérica implicaba necesariamente un recorrido también amplio a lo largo de todos los países del Istmo. Periplo investigativo, por cierto, acertadamente acompañado por su tutor Sergio Guerra Vilaboy quien lo orientó para desarrollar un análisis con perspectiva critica antiimperialista y desde luego nacionalista, en el sentido de unidad política centroamericana.

La consecuencia de todo esto es que este texto obliga al lector de manera natural a tomar una posición crítica sobre la realidad actual de Centroamérica. No sólo sobre los países cuyos pueblos han logrado el tránsito al poder, sino también en los otros que están en camino de hacerlo. Es decir coloca al lector frente a la disyuntiva de continuar en una posición de receptor de la información acerca de la realidad centroamericana,  sin conciencia del fenómeno histórico, o involucrarse en esta lucha, como protagonista o al menos como testigo. Desde luego José Carlos intenta que la opción final del lector se corresponda con su propia perspectiva de narrador crítico de la realidad de Centroamérica desde fines del siglo XIX a través de todo el siglo XX.

                                                                                                                                        Aldo Díaz Lacayo

Jueves 3 de abril 2014

 

Introducción

 

El istmo centroamericano está formado por un conjunto de países entre los más pobres del continente, símiles por población y recursos naturales, por esto, es necesario analizar el porqué de la fragmentación política de la región, a contrapelo de su unidad geográfica natural (Díaz Lacayo, 2010) y cultural, es necesario hoy mas que nunca estudiarlos como uno solo, pero fragmentado, hoy que los empobrecidos están luchando por la emancipación desde cada una de sus realidades.

 

Los países de Centroamérica son diferentes al resto de América Latina, tienen otro ecosistema humano, una familia extensa, más comunitaria, una tecnología más campesina, una infraestructura singular.. una carretera al norte, una al sur, un mercado importante a nivel nacional (sin mercados adyacentes) un puerto internacional importante en el pacifico y uno en el atlántico, un centro de acopio significativo. Son realidades nacionales con una de cada una de las cosas esenciales para llamarse nación.

 

En lo que llamo la globalización a la centroamericana, quiero revelar cómo se entrelazan las diez familias mas ricas de la región y los 28 grupos financieros domésticos por la parte interna de la estructura de la acumulación. Por otro lado, las ramificaciones entre estas familias y grupos, con las 100 transnacionales más importantes presentes en la región. Además de los tratados comerciales, que funcionan como lubricante de este mecanismo neocolonial.

Es pues, desde la reforma liberal en 1871, como tragedia indígena, campesina centroamericana, que comienza esta historia a través de carreteras de tierra al margen de la historia oficial. Transita por la historia del novecientos, saltando como entre charcos a través de los hechos históricos en los que la voluntad de las mayorías volcaron la realidad y los de abajo se apropiaron de la historia. Agudiza la mirada desde el inicio del consenso de Washington que da vía libre al desmantelamiento del estado nacional y al bussines de la privatización, promovida por los gobiernos pro-empresariales que habían tomado en mano las redes de la política y de la economía, convirtiendo el entero sistema funcional a la acumulación de la riqueza en pocas manos.

Este libro se detiene con la crisis financiera global que comenzó en el 2007 y coincide con la llegada al poder en Nicaragua de Daniel Ortega con el Frente Sandinista, Álvaro Colom en Guatemala, Manuel Zelaya en Honduras y Mauricio Funes en El Salvador, que ponen en tela de juicio el pensamiento único neoliberal. Acompañada de la llegada de la Alternativa Bolivariana para las Américas ALBA, que apoya los gobiernos que se asocian con este proyecto de solidaridad, en contra el poder constituido neoliberal.

Estos nuevos gobiernos bloquean la devastación incendiaria capitalista, abriendo un periodo post-neoliberal en Centroamérica. Son gobiernos que meten en discusión el consenso de Washington y dirigen su mirada a su pueblo, a su pobreza con rostro infantil, femenino e indígena.

Capitulo I La formación del estado nación 1873 – 1989 Un siglo de luchas sociales, entre resistencia y autonomía

 

La historia socio-política del istmo centroamericano durante poco más del último siglo, ha estado modulada por movimientos de liberación y emancipación social, seguidos por cruentas dictaduras militares. Al mismo tiempo que cambios paradigmáticos en las estructuras productivas, impuestos por las metrópolis coloniales de antaño y las potencias imperiales de hoy. Donde los viejos terratenientes, que de latifundio y látigo en mano, se modernizaron pasando a la pólvora y la bala, se vistieron de camisa, de guayabera y más tarde de corbata, para vivir del nuevo bussines agrario.

Se convirtieron más tarde en políticos, militares y nuevos empresarios. Los mismos que despojaron de sus tierras a campesinos e indígenas a finales del siglo XIX en la llamada reforma liberal, luego les dieron trabajo en las nuevas haciendas de café y las grandes transnacionales de la fruta en el siglo XX, y mas tarde, les ofrecieron un salario de hambre, amparados bajo las nuevas leyes neoliberales.

 

 

 

Antes de la Reforma Liberal

 

La conquista española de Centroamérica fue de una intensidad equivalente al destierro para los pueblos originarios del istmo, para quienes la tierra posee una fuerza motriz capaz de generar vida, por tanto, el despojo a campesinos e indígenas de sus heredades, se encadena con la enajenación de lo esencial en sus vidas, son despojados de su identidad.

De indígenas Nicarao o Chorotega en Nicaragua, Pipil en El Salvador, Quiché o Cakchiquel en Guatemala, pasaron a ser indios, sin tierra ni nombre. Una agresión contra el núcleo ético-mítico de su imaginario (Martínez, 2011), la fuerza y la coherencia de su cosmovisión: de sus opuestos y armonías; de la penumbra de la muerte y la vida, sus 7 cielos y su inframundo. Fue interrumpido el vínculo entre sus tierras y la forma de ver e interpretar el mundo que poseían como distintivo de un linaje primigenio, de pronto despreciado y sustituido, quitándole sentido a sus esencias.

Trecientos años del periodo colonial significaron la colonización no solo económica, sino también simbólica del saber, del hacer y por tanto del ser.

 

Con la Independencia de la colonia en 1821 pocas cosas cambiaron en la región, ya que contrariamente a lo que afirma la historia oficial tal independencia no tubo lugar como se la conoce en el resto del continente, ya que no existieron revoluciones independentistas ni post-independentistas (Díaz Lacayo., 2013 :157). Se trato más bien de una displicencia cívica (Díaz Lacayo., 2010), que maduro casi tres décadas después en el intento de unión centroamericana Morazanica en 1847, y concluyo en su disolución que representó uno de los caminos truncados de la historia de integración y la unidad del istmo y su inevitable fragmentación política, a contrapelo de su unidad geográfica natural (Díaz Lacayo, 2010) y cultural .

 

La reforma liberal y la construcción de la nación

Una tragedia indígena y campesina

 

Los pobladores originarios de Guatemala históricamente excluidos, han estado resistiendo durante más de quinientos años. Gobiernos, masacres, terremotos y decretos han pasado a galope por la historia de la que fue imposible excluir la insumisión y firmeza de los pueblos originarios.

Así como en la conquista, las iglesias fueron implantadas sobre las bases de los templos indígenas, la resistencia ha aprendido a viajar subterráneamente, como una profesión hermética, escrita en secreto en la memoria. Una de las herramientas para forjarla a golpe de silencio, fue reescribir la historia oficial a través de la memoria hablada, con una visión anticolonial ayer, contra la neocolonización después.

Me contaban los indígenas Cakchiqueles cuando viví entre ellos, que han sufrido tres holocaustos. El primero comenzó con la llegada de los españoles a Centroamérica, para entonces una tierra libre. El segundo lo provocó la reforma liberal[1], que inicia en esta región en la última mitad de 1800, tras la introducción en Europa de los colorantes artificiales, que dejan en quiebra a las élites centroamericanas productoras de añil[2].

Estos antiguos gamonales amasaban su riqueza con la producción de ese colorante natural, para luego exportarlo a Europa. La etapa es enfocada a partir de un cambio en los actores dominantes: de los terratenientes conservadores añileros a los liberales dedicados al cultivo del café. Las mayorías empobrecidas no participaron sino en calidad de víctimas de ese cambio paradigmático de la base productiva local.

 

Mientras tanto, se fragmentaba y repartía el poder como parte de las maniobras destinadas a crear un estado nacional. A los campesinos e indígenas les fueron confiscadas sin resarcimiento, sus tierras comunales para destinarlas a la nueva aventura de la siembra de café que se exportaría hacia los centros de poder mundial.

La reconversión de los antiguos terratenientes en empresarios exportadores, llevaría a que hicieran todo lo posible por hacerse del poder político. “Esta reforma liberal se generalizó después de la reforma guatemalteca de Justo Rufino Barrios (1871) y cerró en todo el istmo con la tardía reforma de José Santos Zelaya en Nicaragua en 1893” (Vilaboy, 1997:25).

 

Desde el final del ochocientos y a lo largo de todo el novecientos, la mayoría desheredada vivió una existencia difícil como jornaleros temporales para la siembra y el corte del café y el resto del año eran desempleados y empobrecidos, dentro de un mísero y disminuido entorno. La United Fruit Company fundada en 1890, acompaña esta historia de explotación hasta nuestros días. Cambia de nombre a United Brands primero en 1970, cuando se fusionó con la familia Bush, propietaria de la Zapata Corporation, y luego en 1990 con el actual y conocido Chiquita Brands. Cambiaron las rúbricas distintivas, pero el modus operandi, era parecido, basado en un velado esclavismo, el descuido medio ambiental y otras formas de amplificar las ganancias aunque resultaran perjudicados los campesinos y su habitad.

 

Las sublevaciones de los treinta

Contra el filibusterismo y la explotación

 

En la segunda década del Siglo XX, la violencia en las fórmulas de explotación se agudizan promovidas por las ambiciones crecientes de los latifundistas del café y por la llegada de las transnacionales de la fruta, que crearon feudos con leyes, moneda y fuerzas de policía particulares. Sistemas integrados de lucro, con ciudades donde se pagaba con monedas acuñadas por los empleadores, quienes establecían mecanismos para endeudar a varias generaciones que se quedaban dependiendo de sus designios y de las prácticas de vida corrompida introducida entre los pueblos centroamericanos.

 

Estas prácticas injustas hicieron crecer el descontento y dieron origen a diversas sublevaciones. Dos líderes campesinos, Augusto C. Sandino en Nicaragua y Farabundo Martí en El Salvador, guiaron los levantamientos contra ese empobrecimiento generalizado acompañado de la injerencia norteamericana, utilizando a filibusteros pagados por bancos y empresas extranjeras “para hacer de Nicaragua y eventualmente de Centroamérica, un enclave esclavista para beneficio de los Estados Unidos” (D’Escoto, 2007:72). La crisis financiera en Estados Unidos a partir de 1929 incrementó la pobreza y el descontento.

 

Estos alzamientos populares, tuvieron su inicio en Nicaragua liderados por Sandino. Tras la invasión norteamericana de Nicaragua en 1912, Washington consigue una dominación completa de ese territorio. Todos los sectores estratégicos de la economía nicaragüense, los estamentos políticos y militares, estaban bajo el control de los Estados Unidos.

Tanto liberales como conservadores se alían y aceptan esta tendencia. Sandino, al contrario, encarna la rebeldía anti-oligárquica de campesinos, indígenas y artesanos, de patriotas con los bolsillos vacíos, quienes, desde la miseria debían pagar la factura social por la modernización económica y la crisis capitalista de 1929, mientras los oligarcas vendían el país y se enriquecían.

 

En 1927, Sandino junto a treinta soñadores arma el Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional. Se levanta en armas en el cerro el Chipote donde tiene la base de su guerrilla que adquiere categoría de ejército, pobre pero aguerrido, con 6 mil revolucionarios, hacia 1932 y continúa luchando hasta sacar a los invasores.

Cuando Sandino iniciaba a desmontar el bipartidismo liberal-conservador, es asesinado el 21 de febrero de 1934 por Anastasio Somoza, quien comete el crimen en connivencia con la embajada norteamericana y construye después un feudo dictatorial que tendrá bajo la bota al pueblo nicaragüense hasta que el general de hombres libres, resucita en otra generación de insurgentes populares, que triunfan en 1979.

 

En El Salvador, las revueltas de finales de los años veinte surgieron, tanto debido al empobrecimiento de los campesinos e indígenas, como por la caída del precio internacional del café, a lo cual se sumó el fracaso del gobierno nacional que pretendía en 1921 crear consenso entre las mayorías, aprovechando el centenario de la independencia de España, a través de un proyecto conocido como revitalización de Atlacatl. El nombre es tomado del mítico cacique indígena, ignorado hasta entonces y rebarnizado para erguirlo como héroe nacional. Ese proceso de ingeniería social de la memoria colectiva pretendía lograr concordia en favor de las elites y el gobierno de turno y así crear un bloque mestizo dócil con el cual gobernar.

En El Salvador, la figura manipulada de Atlacatl no tuvo éxito en el tejido rural del país, como construcción conciliadora de las identidades negadas, como edificación de una entidad matripatriótica que suscitara sentimientos de fraternidad mítica (Avendaño, 2010: 13). Luego del golpe de estado de 1931 el ministro de la guerra Maximiliano Hernández toma el poder y convoca elecciones en enero del 1932.

El partido comunista cataliza el descontento que acarreaban las consecuencias de la crisis del 1929 y gana en algunos municipios. La respuesta del gobierno de facto es el fraude que desata el alzamiento de la población autóctona. Miles de campesinos e indígenas armados con machetes y pistolas de bajo calibre y sin conocimiento de tácticas militares, tomaron poblados en la noche entre el 22 y 23 de enero de 1932, controlaron carreteras, cortaron las comunicaciones, entonces realizadas por telégrafo. Lograron tomar el poder, pusieron a gobernar a los candidatos a los que les arrebataron los votos en esas elecciones fraudulentas y repartieron las tierras entre los indígenas.

La rebelión fue aniquilada en solo 48 horas, Farabundo Martí fue uno de sus lideres y fue capturado y asesinado en el marco de las represalias. El ejército con milicias civiles al mando de Maximiliano Hernández, fusilaron casi todos los varones hasta llegar a un total de diez mil. Las listas negras salían de los padrones electorales.

Esta masacre indígena causó un dramático cambio en las relaciones de poder entre los indígenas y los ladinos, el náhuatl se hablaba cada vez menos y se volvió más secreto y clandestino junto a la cultura Pipil, por el trauma social a raíz de la matanza.

 

Como un guion tantas veces escenificado en la historia de Nuestra América, esta ola de movimientos de emancipación fue aplacada, por miedo al contagio, por una ola sucesiva de dictaduras de intensidad mayor que recorrió el istmo por más de una década. En Guatemala Jorge Ubico de 1931 al 1944, en El Salvador, Maximiliano Hernández, el mismo de la masacre de 1931 al 1944, en Honduras Tiburcio Carias, de 1933 a 1948 y en Nicaragua, Anastasio Somoza, desde 1937 al 1979 (Roitman, 2007).

 

Estas dictaduras gobernaron en este período apoyadas en el miedo que infundieron las masacres de El Salvador y el asesinato de Sandino en Nicaragua. Toda esta violencia sirvió a las nuevas dictaduras para enmudecer a los discrepantes y desmovilizar la conciencia. Fueron años difíciles en los que la violencia estructural del estado se proyectó sobre la población.

La injusticia social se acumuló en los barrios pobres de la periferia y la riqueza en los barrios altos, y la indigestión social germinó en un conflicto armado interno en los que se vieron enfrentados, por un lado, una parte de la población económicamente vulnerable y políticamente marginada y por el otro, las elites autóctonas con la complicidad de Estados Unidos. La opción partidaria tradicional venía impedida como instrumento democrático de cambio político, empujando a la clandestinidad los sectores sociales críticos y a la vía de la lucha armada, a los más radicales.

Con la llegada de los años sesenta, ante la experiencia revolucionaria cubana en 1959, que proponía y puso en practica con éxito, la insurrección popular armada, se abrió paso el modelo de estado contrainsurgente en Centroamérica, inducido por el temor de las oligarquías locales y los Estados Unidos, de un contagio inminente. La crisis económica de los ochenta comenzó por el shock petrolero en 1979, y fue seguida por la caída de las exportaciones y la fuga de capitales, además de las guerras internas de la que se salvó solo Costa Rica (Herman, 2008). Esta situación ajustó nuevamente el cabestro alrededor del cuello de los centroamericanos creando una nueva indigestión social. Y como se ha visto en su historia, si la asfixia del hambre atenaza las mayorías, la pobreza extrema explota en las calles y en los períodos más radicales de la historia centroamericana, en movimientos de liberación.

 

Los movimientos guerrilleros de los ochenta

Por el sendero de Farabundo y Sandino

 

Sandino y Farabundo Martí, fueron medio siglo después de su gesta, los inspiradores de los movimientos revolucionarios de los años sesenta, setenta y ochenta, los que se coronaron con la insurrección popular en Nicaragua y la Revolución Popular Sandinista en 1979, que dio un nuevo impulso continental a las luchas sociales. Gracias a miles de campesinos que se vieron obligados a tomar las armas para sobrevivir y liberar su tierra de la dictadura, una Nicaragua que dejaba detrás de sí, medio siglo de dictadura somocista y un conflicto que le costó cerca de 55 mil victimas, mientras que en la región centroamericana quedaban pululantes, los conflictos internos de Guatemala y El Salvador.

 

En lo económico, al final de la década de los setenta se da la incubación de la modernización como la conocemos ahora. Se trata de una convergencia entre la lógica neoliberal y la globalización, un período en el cual, diferentes autores colocan el inicio de esta tendencia. Sus características son un empuje hacia la actividad de servicios en el comercio, un traslado hacia el comercio electrónico y la desmaterialización de la economía en las finanzas, una mayor interconexión de los mercados financieros basados en un desarrollo de nuevas actividades monetario-financieras internacionalizadas, aprovechando las nuevas tecnologías de la comunicación.

En las relaciones político-internacionales, se mantiene y agudiza la progresiva concentración del poder económico y militar. Pero ¿Cómo se da esta modernización en América Central?

 

El consenso de Washington

Tecnología burocrática para privatizar [3]

 

Con la conclusión de la década de los ochenta y mas en particular con el Acuerdo de paz de Esquipulas II en Agosto de 1987 (D’Escoto, 2007) se abre una nueva etapa. El fracaso de las dictaduras y del modelo de estado contrainsurgente en el istmo facilita, hacia 1989, la imposición/aceptación del Consenso de Washington. El pensamiento único neoliberal se había experimentado con anterioridad en el cono sur americano, bajo las dictaduras militares en Argentina, Uruguay y Chile, pioneras de su establecimiento bajo rigurosas fórmulas represivas que impidieron toda oposición al modelo.

El FMI, el BM y la entonces GATT ahora OMC, aplican en Centroamérica a rajatabla las fórmulas neoliberales, modelo que es asumido por los gobiernos del Istmo acríticamente. A través de diez disposiciones y reformas estructurales que tuvieron en su centro la nuevas máximas fiscales, la privatización de los sectores estratégicos de las economías nacionales como las empresas nacionales y los servicios públicos, cambios que apuntaban hacia la concentración de la riqueza en pocas manos y la transnacionalización de la economía.

 

Los empresarios se integraban a nivel regional a través de las cámaras de comercio centroamericanas, mientras presionaban para provocar el desmonte de los sindicatos, principalmente en las ciudades y el abandono estatal de las cooperativas de producción agrícola en el campo. En lo teórico, se trató a través de los medios de comunicación, de una agresión pedagógico-cultural para establecer en el imaginario colectivo que la intervención del estado en la economía era ineficiente, creaba distorsiones a la libertad del mercado desincentivando el progreso.

La satanización de la gestión pública ayudó a crear una fe ciega en la supremacía del mercado y la sacralización de la iniciativa privada. Con la escusa de que esa riqueza acumulada en la élite, gotearía desde arriba hacia las clases más bajas, beneficiándolas. Esa labor didáctica se difundía dentro de un conjunto de criterios y prácticas sociales, que premiaban fórmulas de vida individualistas que apuntaban hacia el éxito, alimentando la atomización social y la ruptura de la unidad entre los trabajadores y de estos hacia el resto de la población, interrumpiendo entre los sectores más empobrecidos, toda perspectiva de construcción de lo común.

 

Este llamado “consenso” no fue otra cosa que un nuevo contrato social de carácter internacional. Según Boaventura Sousa Santos, se trata de una gran innovación burocrática-institucional del consenso económico neoliberal, que a través de los Programas de Ajuste Estructural y de Estabilización Económica (PAE-PEE) (Moreno, 2004), tuvo como objetivo fundamental, la creación de condiciones para el acopio de la riqueza por las oligarquías nacionales y a nivel global, a través de las transnacionales al interior de lo que Immanuel Wallerstein llama el sistema Mundo[4] (Wallerstein, 1974).

 

El fracaso de ese proyecto no tardaría en expresarse en sucesivos procesos, en México el llamado Efecto Tequila, en Brasil el Carioca y en Argentina el Efecto Tango. Las naciones centroamericanas, de menor tamaño y techo económico, ni siquiera merecieron tan irónicos epítetos. La destrucción de estructuras económico-financieras que en su momento permitieron el progreso de estas naciones, provocaron empobrecimiento y situaciones insostenibles, tanto para las naciones de mayor porte en el continente, como para las naciones centroamericanas.

 

Con el consenso de Washington como andamiaje jurídico-institucional, se dio inicio al secuestro del estado nacional y a una versión de la globalización excluyente y punitiva, que con su fuerza centrífuga expulsaba a la mayoría de los centroamericanos del veterano contrato social, colocándolos en una situación de post-contractualismo (De Sousa Santos, 2005). Personas de carne y hueso que se acumulaban a los márgenes de la sociedad junto a muchas otras que no lograron siquiera entrar en el contrato social, en una situación de pre-contractualismo (ibídem), ya que no lograron traducir sus necesidades básicas en demandas de mercado y acceder como sujeto social a la modernización por medio del trabajo.

 

A este tipo de globalización, versión imperialista y tropicalizada, las elites sus principales promotoras, la presentaron como una necesidad inaplazable y la llamaron “modernización democrática”. Esta no fue más que el secuestro del estado de bienestar y la abolición de las conquistas sociales, de la mano de la privatización de los sectores estratégicos de las economías nacionales. Duro en los diferentes países centroamericanos entre 16 y 19 años hasta la llegada de gobiernos menos pro-empresariales que decretaron el inicio del pos-neoliberalismo, momento en el que el pensamiento único viene puesto en tela de juicio y los empobrecidos le dan vuelta a la tortilla con sus votos.

En Nicaragua, por ejemplo, luego de toda la década revolucionaria de los ochenta agredida por una guerra mercenaria de baja intensidad, bloqueo comercial, minado de puertos y el desgaste sufrido a raíz de las agresiones de toda naturaleza que provocaron gran incertidumbre en toda la sociedad nicaragüense, ganó las elecciones la Unión Nacional Opositora. Una unión de 14 micro partidos de oposición que dio inicio al periodo neoliberal que duraría dieciséis años, hasta que en el 2007, Daniel Ortega es reintegrado a la dirección del país, encabezando el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

 

Nicaragua

 

En esa década y media, Nicaragua sufre los embates de tres gobiernos neoliberales: Violeta Barrios de Chamorro por la Unión Nacional Opositora (1990-1995), Arnoldo Alemán (1995-2001) y Enrique Bolaños (2001-2006) por el Partido liberal Constitucionalista PLC. Todos aplicaron el recetario del modelo, procediendo a las privatizaciones, que comenzaron por la eliminación de los impuestos a las importaciones, (en 1990 se exigía un 50% de impuestos a los productos importados y hacia el 2006 el monto estaba reducido al 5%).

De ese modo se desprotegió la producción nacional, estimulada por la Revolución, que la estuvo tutelando pese a las agresiones y la ilegal guerra financiada por Estados Unidos. A las transnacionales se les exoneró casi completamente de pagar impuestos. Las mayorías tenían que pagar el 90% de los impuestos y el 10% restante era sufragado por negociantes llegados con el final de la revolución. La obvia y extravagante desproporción la basaron en que tenían derecho a recuperar lo que el proceso insurreccional les había quitado en 1979.

Fueron más de 400 empresas estatales de la Corporación Nacional del Pueblo (CORNAP) las que en la mayoría de los casos se triangularon, es decir, se vendieron primero a algunos empresarios nacionales y luego ellos mismos las revendieron a los inversores extranjeros, haciendo un negocio redondo para ellos y un desfalco al futuro del país. Entre las mayores y que prestaban amplio servicio nacional, se encontraban empresas como la de telecomunicaciones TELCOR, vendida a la española Movistar (Greenpeace, 2009) y la de distribución eléctrica ENEL, que pasó a manos de la también española Unión Fenosa (idem).

Estas empresas fueron expropiadas a los somocistas y puestas a disposición del pueblo, por el sandinismo, pero los gobernantes posteriores les indemnizaron amparados bajo el pretexto de la “reconciliación nacional”, pero en realidad aliados vergonzosamente con quienes durante medio siglo habían manejado la nación como si se tratara de una finca particular.

Al privatizar las empresas nacionales los más afectados fueron la mayoría de nicaragüenses, el sistema sanitario, como otros de índole social sufrió una rebaja presupuestaria enorme. En el 1989 el gobierno revolucionario invertía en cada nicaragüense 35 dólares al año, quince años después se invertían por la misma persona notablemente menos saludable, 16 dólares. Cuatro de cada diez nicaragüenses tenían acceso a medicamentos básicos, los otros seis tenían que aguantar dolor en silencio y envejecer aceleradamente. Los hospitales parecían casas abandonadas, con puertas y ventanas descolgadas y rotas. La enseñanza universitaria fue otro capitulo negro de las privatizaciones a la cual constitucionalmente le correspondía el 6% del PIB, un derecho conquistado en la revolución sandinista. Los gobiernos neoliberales amenazaron con no entregar estos recursos, algo que dio lugar a una batalla popular callejera muy dura. Todos los años cuando se iniciaba la discusión del presupuesto nacional y se amenazaba a las universidades reunidas en el Consejo Nacional de Universidades CNU con no dar ese 6%, los estudiantes salíamos a las calles. Fueron años intensos de batalla, sobre todo bajo el gobierno de Arnoldo Alemán, el más corrupto y neoliberal. Asesinaron a tres estudiantes, Jerónimo Urbina y Porfirio Ramos en 1995 y Roberto Gonzáles en 1998.

 

Los gobiernos de turno decían que no había dinero, pero las exoneraciones a comerciantes, banqueros y empresarios en este período llegaron al 4%, a parte de la evasión fiscal que alcanzaba el 8% del Pib, evasión y exoneraciones juntas sumaban 12% del PIB, más de lo destinado a la salud y educación juntas, para los cerca de 5 millones de habitantes en esos años (Banco Central, 2008).

El resultado final de estas políticas dejó a siete de cada diez nicaragüenses en la pobreza (FAO-PESA, 2011).

 

Honduras

 

Subiendo hacia el norte en este viaje por la privatización del patrimonio público en Honduras que es el país más pobre de Centroamérica, el desmantelamiento del estado y el negocio de la privatización se extendió por una década y media, a través de 4 gobiernos neoliberales. Un bipartidismo rígido liberal-nacionalista que comenzó con el gobierno de Rafael Callejas (1990-1994) del partido Nacional, y prosiguió con el de Carlos Roberto Reyna (1994-1998) del Partido Liberal. Siguió con el de Carlos Facussé Flores (1998-2002) del partido Liberal, luego el gobierno de Ricardo Maduro (2002-2006) del partido Liberal, hasta el inicio de la etapa post-neoliberal con la elección de Manuel Zelaya, del partido Liberal en el 2006, (Ajenjo, 2008) que termina con un golpe de estado, en junio del 2009.

 

El consenso de Washington llega a Honduras a la mañana siguiente de un conflicto que vio enfrentados durante los años ochenta a la burguesía terrateniente tradicional con la base de sus negocios en las tierras cultivables y la ganadería versus la burguesía emergente también terrateniente pero más moderna, con ramas de negocios en la transformación agroindustrial, además, con sus mayores negocios concentrados en la inversión agroexportadora no tradicional, como camarones, aceite de palma africana, cítricos y otros (Andino, 2008).

La reducción de los impuestos a los grandes empresarios y la privatización de las empresas y servicios estatales, fue de la mano con la privatización de las tierras nacionales a través de la ley de modernización agrícola.

En este ámbito, se dio la privatización de los servicios de asistencia técnica y comercialización. Se creó el Programa de Acceso a la Tierra Agrícola PACTA (Ríos, 2007) promovido como un mecanismo de acceso a tierras sin ninguna protección para los pequeños productores que no pudieron resistir los embates del mercado y la oscilación internacional de los precios de las materias primas que los fue descapitalizando gradualmente.

 

En la década de los noventa se da una ofensiva neoliberal para cooptar el movimiento sindical como fue el caso de la Central General de Trabajadores CGT y la Asociación Nacional de Agricultores y Campesinos de Honduras ANACH (Andino 2008).

 

En 1998 el Huracán Mitch una depresión tropical de categoría 5 provocó lluvias por casi un mes consecutivo y causó grandes daños en la infraestructura productiva de este país (Saldomando., 2005), propinando un duro golpe para la mayoría de los hondureños, sobre quienes recayó el pago de la factura social por las pérdidas.

Después de quince años de neoliberalismo el ingreso medio del 20% más rico de la población en las áreas rurales era casi 30 veces más elevado que el ingreso del 20% más pobre (Paes, 2006)

Pero es durante el gobierno de Ricardo Maduro (2002-2006) que se da un segundo empuje a las privatizaciones en el ámbito de la aprobación del tratado de Libre Comercio entre estados Unidos y Centroamérica (DR-CAFTA). Esta significó la transición definitiva del modelo de crecimiento hacia afuera, al modelo transnacionalizado, y la tercerización de la economía junto a una subordinación más aguda a la ley de las transnacionales con su coronamiento en el TLC en el 2005.

El Consenso de Washington, diseñado a miles de kilómetros de Tegucigalpa y San Pedro Sula y de todas las pequeñas poblaciones diseminadas por el territorio montuoso de este país centroamericano, dejó a siete de cada diez hondureños en la pobreza (FAO-PESA, 2011).

 

El Salvador

 

En El Salvador, el más pequeño país centroamericano la “modernización neoliberal” encuentra en 1989 una economía periférica basada en la exportación de mercancías con baja densidad tecnológica, productos primarios en abierta desventaja en el sistema mundo. El modelo neoliberal es implantado por una serie de gobiernos pro-empresariales a lo largo de veinte años, hasta que en el 2009, accede al poder a través de los comicios electorales el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, encabezado por Mauricio Funes.

Durante los 20 años en que gobernó ARENA, una formación política nacida de la fusión entre la Democracia Cristiana y las Fuerzas Armadas, con apoyo directo del departamento de estado norteamericano, se suceden los gobiernos de Alfredo Cristiani (1989-1994), Álvaro Calderón Sol (1994-1999) Francisco Flores (1999-2004) y Antonio Saca (2004-2009).

Las cuatro administraciones eliminaron los impuestos a las exportaciones de café y azúcar, antes controlados por INCAFÉ e INAZUCAR, entregándoselos a los exportadores privados, empobreciendo al país mientras comerciantes, oligarcas y políticos se enriquecían (Moreno, 2004).

Vendieron a empresarios norteamericanos las empresas de generación y distribución eléctricas que eran estatales (ANTEL y CEL). También privatizaron los seis ingenios azucareros a cargo del estado y hasta los fondos de pensiones.

La privatización de los sectores estratégicos de la economía salvadoreña, así como de las economías centroamericanas: carreteras, puertos, telefonía, electricidad y agua, siguieron el catequismo del consenso de Washington, primero abandonándolas hasta la ineficiencia para así evitar manifestaciones populares y movimientos de resistencia al privatizarlas con la promesa de mejorarlas. Luego cambiando el marco jurídico-institucional que no permitía su venta, para luego dividirlas (como dicho en su jerga sub-institucional) en bad and good company, y vender esta última, la mas rentable a precio de ganga a las multinacionales amigas del gobierno de turno, mientras el país se quedaba con la parte obsoleta de la empresa.

Dos casos emblemáticos en El Salvador fueron la empresa de telecomunicaciones ESTEL, que le vendió el 61% a la transnacional francesa Telecom. Caso similar sucedió con la distribución eléctrica nacional que fue vendida progresivamente a AES, una corporación de los Estados Unidos que para el 2004 controlaba el 80% de la distribución eléctrica, mientras que la generación eléctrica ha pasado del 50% privatizado a finales de los noventa, al 100% en el 2003 (Salazar, 2003).

Arena se encargó de dolarizar la economía en el 2001 para beneficiar a los bancos y a los importadores. El gobierno con el primer año de dolarización expulsó a las calles a 37 mil trabajadores salvadoreños y el año siguiente fueron otros 8 mil, de los cuales mil quinientos eran campesinos (Villalona, 2002). La dolarización facilitó la introducción de mercaderías que invadieron el mercado interno, perjudicando a los artesanos imposibilitados de competir contra las transnacionales norteamericanas, en parte subvencionadas por el estado y con tecnologías que reducen los costos de producción.

Estas medidas afectaron o los panaderos, la transnacional Bimbo arrasó con ellos y con la pastelería artesanal salvadoreña.

Con estas privatizaciones perdieron en general los salvadoreños y el futuro del país que resulta secuestrado por la deuda que le tocara pagar a la mayoría y como resultado, seis de cada diez salvadoreños viven en la pobreza (FAO-PESA, 2011).

 

Guatemala

 

En Guatemala la privatización comenzó media década antes que en el resto de los países y se realizo a través de los gobiernos de “Vinicio Cerezo (1986-1991), Jorge Serrano Elías (1991-1993) Ramiro de León Carpio (1993-1996), Álvaro Arzú (1996-2000), Alfonso Portillo Cabrera (2000, 2004) y bajo el Gobierno de Oscar Berger (2004- 2008)”(Bull, 2005: 62). Hasta la llegada al poder de Álvaro Colom en enero del 2009.

 

El proyecto de liberalizaciones en Guatemala privatizó 56 entidades públicas en total. Las privatizaciones de las empresas públicas de carácter estratégico de mayor envergadura comenzaron con la Empresa Eléctrica (EEGSA) la cual está actualmente en manos de la española Unión Fenosa, que ha ocasionado graves problemas en la distribución hasta que el gobierno guatemalteco en el 2006, decreto el estado de prevención, por las protestas sociales de amplios sectores de la población debido al deficiente servicio y al cobro de elevadas tarifas. Por otro lado la Empresa General de Telecomunicaciones de Guatemala (TELGUA) fue también privatizada junto a la Línea Aérea de Guatemala (AVIATECA) que junto a todas las líneas nacionales de Centroamérica se encuentran en la actualidad bajo la bandera de la transnacional del grupo TACA. En el ámbito de los servicios sociales fueron privatizados el Banco Nacional de la Vivienda (BANVI) creando un vacío en la planificación, sobre todo urbana y el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social abandonando principalmente a los pensionados. En relación al sector productivo, fue el sacrificado el Instituto Nacional de Comercialización Agrícola (INDECA), con iguales consecuencias como en el caso de Nicaragua ya que poseen una estructura agraria parecida. Estas privatizaciones fueron acompañadas de otras, como la concesión a empresas privadas para la prestación de servicios de salud, educación y para la construcción de infraestructura pública.

 

 

[1] El tercero inició en 1954 con el inicio de los 36 años de guerra hasta el 1996, con un saldo de 250 mil victimas.

[2] Lo anterior se aplica igual para la Capitanía General de Guatemala, ya que desde esta colonia se exportaba a España e internamente entre sus provincias, diversos productos agrícolas y metales, tales como: grana, añil, cacao, maíz, ganado, tabaco, caña de azúcar, palo brasil, plata y oro. Los dos primeros bienes agrícolas se utilizaban como colorantes naturales para la pujante industria textil europea (Ramírez, 2008 :45) .

 

[3] El llamado «Consenso de Washington» es producto de un acuerdo consensuado entre representantes del complejo político-económico-militar-intelectual (BM, FMI, BID, Reserva Federal EUA, Agencias Económicas del Gobierno EUA, funcionarios del Gobierno EUA, miembros del Congreso y grupo de expertos) con relación a diez instrumentos de política que se pueden agrupar en cinco ámbitos: El paquete fiscal (disciplina fiscal, focalización del gasto público y reforma tributaria); el paquete financiero (liberalización financiera y prudente supervisión); el paquete del sector externo (tipos de cambio competitivos, políticas comerciales liberalizadas, eliminación de los aranceles y fomento a la inversión extranjera directa), y el paquete de la Reforma del Estado (privatización de las empresas públicas, desregulación de la economía y garantía para los derechos de propiedad intelectual) (Moreno, 2004).

[4] El Sistema Mundo según su autor E. Wallerstein posee tres ejes articuladores principales, en primer lugar, un sistema económico integrado a nivel mundial de naturaleza polarizadora con una lógica de cadenas de mercancías que poseen una forma centrípeta. En segundo término un sistema político basado en estados soberanos independientes jurídicamente pero vinculados a través de un sistema interestatal y por último un sistema cultural que es capaz de dar coherencia y legitimidad al todo y es denominado Geocultura.

CAPITULO II Las secuelas neoliberales Privatizaron la carne y socializaron los huesos

 

 

Al campesino lo dejaron solo y lo expulsaron de su mundo rural. Empujado a la modernización sin paracaídas, llego a las ciudades donde la abundancia de trabajadores desempleados derrumbó los salarios, abriendo las puertas al triunfo del modelo maquilero. Que con sus enormes hangares en filas ordenadas, sobresalían en el paisaje con sus arquitecturas foráneas, allá donde surgían desordenadamente, casitas humildes montadas con pedazos de hierro sin nombre, troncos sin labrar y paredes de lata.

La emigración internacional fue el siguiente eslabón de esta cadena de transformaciones que favorecieron al proyecto neoliberal, quitándole presión social al sobrecargado mercado laboral. El subempleo, las remesas y la tercerización de la economía, el rostro del nuevo modelo económico. Los tratados de libre comercio, el lubricante para el saqueo neocolonial, institucionalizando el trabajo sucio de la explotación. Las secuelas de este proyecto modificaron nuestro espacio, nuestro tiempo y a nuestros pueblos, acurrucados a lo largo de esta franja ístmica y sísmica, tropical y volcánica.

 

Abandono estatal y descampesinización

Sembrando sin zapatos; el campesino se quedó solo

 

El abandono estatal se concretó con el tiempo en una auténtica contrarreforma agraria de baja intensidad. Esta contra reforma ocurre por medio del desmantelamiento de los bancos de fomento del crédito a cooperativas y pequeños productores por un lado y la desprotección jurídica por el otro. La insolvencia de los pequeños productores da lugar a la hipoteca de sus propiedades como garantía para la adquisición de abono, semillas y la pignoración por la imposibilidad de resarcir los préstamos a la primera oscilación de los precios en los mercados internacionales del norte o al primer huracán que se forma en el Caribe que destruye cultivos y más, para luego terminar en manos a los nuevos latifundistas por medio de las subastas de los bancos privatizados en el consenso de Washington.

La familia rural centroamericana se empobreció poco a poco, luchando contra el sistema de precios internacionales que cambia las reglas del juego muy lejos de su milpa. Los pequeños productores campesinos del istmo representan el 96% del total de productores de granos básicos y es ahí donde se anida el 62,7% de la pobreza (FAO-PESA, 2011). De estos campesinos e indígenas solo la mitad tienen luz y cuatro de cada diez viven en una casita con piso de tierra. Como las cooperativas y el acopio estatal fueron abolidos con el consenso de Washington, no tuvieron más opción que vender sus precarias cosechas de 5 o 6 quintales a los intermediarios, quienes las compran a precio bajo en tiempo de cosecha y las meten en sus silos, que el campesino no posee y al cabo de unos meses cuando por la escases el grano sube de precio, las revenden al mismo campesino que las cosechó, pero a mayor precio, cuando al campesino se les acabaron las reservas que fuera de los silos no duran mucho.

 

Este junto a otros mecanismos descapitalizan a las familias campesinas y las arriman a la marginalidad. Se ven precisados a vender poco a poco sus gallinas, sus chivos, sus cabras, para poder comprar las semillas para sembrar el próximo año. Los niños dejan de ir a la escuela y se van al campo a trabajar con sus padres a espantar los pájaros de los frutales, a quitar la maleza de los cultivos de yuca, de maíz, de frijoles, hasta el punto en que esta pobreza se les clava como una espina en el pie y duele a cada paso. Es así que se van enfermando de hambre, de ese padecimiento que provoca invalidez psicofísica y poco a poco el campesino se ve obligado a abandonar el campo. Esa fuga masiva de la población rural, tampoco resuelve el problema. Para estas familias que tienen en media dos años de escolaridad (Gutiérrez, 2011), la ciudad es un mundo extraño, violento y con una solidaridad frágil.

 

Este éxodo a la larga ha alimentado la descampesinización en todo el istmo (hasta llegar a “la disminución del 50% de la participación del sector agrícola en el PIB regional en los últimos 50 años”[1] (Moreno, 2008:43) y en las ultimas dos décadas ha traído consigo esa contrarreforma agraria decretada de hecho por el neoliberalismo.

 

El abandono estatal (más la precedente guerra de agresión), por ejemplo en Nicaragua, dejó en la calle a cerca de un millón entre campesinos y artesanos. A los campesinos no les quedó otra solución que emigrar a Managua o a las ciudades importantes. Miles de campesinos se alejaron de la tierra que sabían trabajar, se desarraigaban de su mundo y de su cultura rural, y así se marchaba del campo un incalculable capital humano. Nicaragüenses que vivían de su salario, se quedaron sin nada y tuvieron que entrar en el subempleo algunos y en la indigencia, otros durante los 16 años de neoliberalismo.

 

Otro caso de una envergadura similar fue el del sector agrícola salvadoreño que se dio a través de la desgravación arancelaria de la importación de las materias primas que paso de 290% en 1989 y terminó en 0% en 1996 (Moreno, 2004). Su consecuencia fue un aumento del 120% de las importaciones agropecuarias entre 1990 al 2005, según datos de la CEPAL.

La privatización de los bancos junto con la liberalización de los intereses disminuyó el crédito a los campesinos en un 75%. Los gobiernos redujeron los presupuestos agropecuario del 5,2% en 1990 al 1,2% en el 2006 (Moreno, 2004). Y para dar el tiro de gracia al mundo rural y campesino salvadoreño, suprimieron los precios de garantía a los granos básicos, oxígeno para luchar contra el hambre y pilar de la cultura alimentaria salvadoreña, lo que trajo consigo una caída del 20% de la producción de maíz, frijol y arroz en los últimos diez años, según el Ministerio de Agricultura y Ganadería MAG. Este escenario tuvo su continuidad en la liberalización de los insumos agrícolas que provocaron el aumento del 70% de su precio a partir del 1999.

 

A una distancia de casi dos décadas, estos cambios han significado para la región (por su naturaleza campesina y productora de materias primas), el desmantelamiento de la agricultura sostenible, de los sistemas alimentarios locales y de las redes sociales en las cuales se sostienen. Un modelo que ha empujado progresivamente a Centroamérica hacia la vulnerabilidad alimentaria y al debilitamiento del tríptico seguridad, autosuficiencia y soberanía alimentaria. A la vez, que hacia la reprimarización de la producción, la dependencia tecnológica, en particular para los pequeños productores y la pequeña industria artesanal.

Con el resultado final que en toda América Central, con sus cerca de 42 millones de habitantes (Gutiérrez, 2011), la pobreza se encuentra en el 50,9%, mientras en el resto de Latinoamérica, en el 33,1%, sin hablar de la extrema pobreza, 26,1%, mientras en Latinoamérica, 13,3% (FAO-PESA, 2011).

 

Éxodo rural y hacinamiento en las ciudades

Ingeniería social, del campo a la ciudad…

 

Estos campesinos sin tierra han terminado hacinados en las ciudades, engrosando los barrios marginales que crecieron de manera improvisada y sin servicios básicos, alrededor de las más importantes ciudades centroamericanas. La intención fue la de homologar los campesinos e indígenas y convertirlos en consumidores de mercancías importadas y de servicios privatizados con el consenso de Washington. “El campo económico y social del capital completa su conversión en capital simbólico” (Valdés, 2009: 12) promoviendo en las mayorías pobres que aprendan a soñar individualmente en triunfar, en comprar y consumir. Como dice mi maestro “en soñar con el rico que un día podrán ser y no luchar con los pobres como ellos”. La televisión fue crucial para difundir pedagógicamente en la cultura popular, el sueño americano. Uno de los modos más eficaces fue a través de las telenovelas y las series que en casi la totalidad de los canales centroamericanos representan la mitad de la programación, 12 horas de adoctrinamiento disimulado que muestran un mundo falso, ocultando las guerras y las pobrezas de cada uno de estos países donde se producen (como el caso de México y Colombia los más importantes productores de telenovelas y Estados Unidos de las series) y luego se exportan a Centroamérica. Se construye una ficción socializada que se inserta en el día a día alimentando la individualización de la sociedad con el objetivo final de desmovilizar la conciencia y el pensamiento critico, tergiversando los valores ligados a la familia extensa, la comunidad y a la economía colectiva que traían consigo del campo, del cultivo y la cosecha comunitaria y de la solidaridad, legado campesino e indígena que se practica tierra adentro en toda Centroamérica.

 

Y así, si por un lado se desencadenaba la ofensiva ideológica a través de lo que el Subcomandante Marcos del EZLN llamó “el canal único del neoliberalismo”, por el otro, la miseria rondaba los barrios y en una mano llevaba la delincuencia y en la otra el crack. En las calles hay dos opciones y hay poca poesía en ellas: convertirse en un borracho solitario y dormir bajo el aguacero, dialogando a solas con la oscuridad y la intemperie o arrimarte a tus símiles y luchar con odio contra la injusticia que te engrapa las manos a esa vida subterránea de anonimato y caminar sin esperanzas por las calles centroamericanas, que se oscurecen poco a poco al caer del sol y se vuelven tuyas después de las diez de la noche.

 

Mano de obra barata y subcontratación

Ex-campesinos y desempleados: el triunfo de la maquila  

 

Con la sobrepoblación de las ciudades y el aumento del desempleo, los salarios se derrumbaron y aumentó la mano de obra urbana a bajo costo. Las maquilas, sobre todo las textiles con sueldos mínimos operan con la connivencia de gobiernos pobres del mundo y se colocan al margen de una legislación muchas veces débil en materia de protección laboral de los países en donde se encuentran enclavadas.

 

La industria maquilera de confección textil apareció en Centroamérica en los primeros años noventa y tienen su retaguardia histórica en la visión cepalina de la sustitución de importaciones (ISI) alrededor del Mercado Común Centroamericano que duro de 1960-1979 y fue progresivamente extinguido (Moreno, 2008), dando lugar a un proceso de maquilización en todo el istmo. De 1990 al 2001 el número de empresas maquileras en el istmo pasó de 85 a 1092 y la cantidad de trabajadores creció de 17mil a 354mil (Ramírez, 2008), incremento que se agudiza con la llegada del DR-CAFTA en el 2006.

El 95% de estas empresas son de ensamblaje textil (Cordero 2009) y el 70% usan mujeres (Ramírez, 2008) como mano de obra. Es decir, que llegan las piezas desarmadas, la muchacha centroamericana las arma cociendo todo el día, con metas casi inalcanzables para que queden siempre en deuda con el patrón y así este las obliga a hacer horas extras muchas veces sin pago adicional.

Las características de las muchachas que trabajan en estas maquilas hablan por si solas, el 39% no ha terminado la primaria, sumadas al 19% que ha logrado terminar la primaria, llegamos al 58% de la población económicamente activa, que esta debajo los seis años de escolaridad (Mora, 2008). Un famoso y perseguido pedagogo y padre católico italiano, Lorenzo Milani, decía que si una persona conoce mil palabras y otra a su lado quinientas, la que conoce mil le hará hacer lo que quiera a la que sabe quinientas. Es una forma de esclavitud moderna que esconde una gran tragedia social y una estrategia empresarial consolidada y tiene su retaguardia en el ejercito de desempleados con bajo nivel educativo, formado por los expulsados del campo que se juntaron con los desempleados de la ciudad en el marco de la implantación de la globalización en Centroamérica.

 

Subempleo en patria o emigración

Las remesas de los expatriados sostienen el nuevo modelo económico

La emigración en Centroamérica tiene dos fases, la emigración interna y la internacional y además tiene dos consecuencias, la fuga de jóvenes con posición de liderazgo en su tejido social y la fuga de cerebros. La primera fase es la emigración interna del campo a la ciudad, con la cual se desangra el campo y se crea la ya citada descampesinización y sus secuelas. La segunda es la que transcurre sobre todo hacia los Estados Unidos o las de índole interna, dentro de la misma Centroamérica. Como la de los 315 mil Nicaragüenses a Costa Rica (Gutiérrez, 2011) que llega 650 mil cuando se le suman los emigrantes temporales, jornaleros, obreros de la construcción y las trabajadoras domésticas. Además de los cerca de dos millones de migrantes salvadoreños que en un 80% se dirigen hacia Estados Unidos (Mora, 2008).

Junto con quienes van a otros países en busca de solución a sus problemas, emigra la cultura, la inteligencia, la calificación de quienes están bien formados. Si la mayoría de las mujeres se quedan en las maquilas, técnicamente llamadas “anillos de contención de la emigración”, en lo que respecta a los hombres, están aquellos sin estudios que emigran para trabajar realizando labores del campo, mal pagados, en países como Estados Unidos.

Por otro lado, transcurre la tradicional fuga de cerebros, también hacia Norteamérica, del 30% de centroamericanos con diferentes niveles de educación o titularidad (Gutiérrez, 2011).

Los que se aventuran a emigrar generalmente cubren posiciones de liderazgo en sus comunidades, son muchachos y muchachas que podrían dar mucho por su comunidad y hacen parte de esa cifra que llega al 50% (idem) tomando en cuenta todas las emigraciones fuera del istmo.

Mas allá de las fronteras artificialmente marcadas sobre la vida de las comunidades y familias que han vivido una regionalidad latente y transfronteriza, en 1994, en coincidencia con el tratado de libre comercio entre USA y México, se aumentaron los puntos de observación y el personal represivo destinado a bloquear el flujo migratorio. También comenzó a construirse una muralla a lo largo de esa extensa frontera, con igual propósito y fueron dictadas diferentes legislaciones anti-migrantes.

A los que no tienen la posibilidad de emigrar, no les queda la opción que el subempleo donde se concentra el 45-50% de la población activa de la región. En el subempleo se disfraza con distintas modalidades el desempleo abierto. En el mundo de la economía informal se esconde una economía de salarios marginales, tecnologías simples y desprotección jurídica; (Levaggi, 2006) se pierden recursos humanos valiosos, generaciones de trabajadores que se convierten en vendedores ambulantes, casi sin importancia para sus economías nacionales y para el futuro de éstas.

Las remesas de los expatriados de la globalización han cambiado el panorama de la pobreza en los países centroamericanos. Estas empiezan a elevarse en el 2002 y para el 2006, representan el 94% de las exportaciones en el caso de El Salvador y Guatemala, el 103% para Honduras y el 64% para Nicaragua (Ramirez,2008).

Las remesas dinamizaron el consumo interno de los países y apaciguaron la violencia social y la hambruna, quitándole presión a un ambiente social deprimido por el desempleo y las reformas neoliberales.

Las maquilas y las remesas son dos caras de la misma lógica neoliberal. Si las maquilas explotan oportunistamente la pobreza centroamericana y enclavan sus hangares en nuestros países y ganan con nuestra pobreza, los expatriados forman un enclave en otras tierras y venden su fuerza de trabajo a bajo precio, aún más bajo si son ilegales porque hacen los trabajos humildes que los norteamericanos o europeos no quieren hacer, ganando de nuestra pobreza, en los dos casos.

 

Tratados de libre comercio y Lex Mercatoria

La modernización de la injusticia, como ley mundial

 

Paralelamente, para apoderarse de la ganancia del sector de los servicios y así ofrecerlo a los ex-campesinos ahora neo-urbanos, al mismo tiempo que para interceptar las remesas de los emigrantes, se fomentan los tratados de libre comercio. Se implantan en las vulnerables realidades locales centroamericanas, campesinas, semi-analfabetas, de trabajo artesanal y comercio informal, modernizando e institucionalizando el trabajo sucio de la vieja colonización, en una especie de modernización de la injusticia.

 

Primero con el CAFTA-DR tratado de libre comercio entre América Central, República Dominicana y Estados Unidos. El potente vecino del norte es el primer socio comercial de Centroamérica, en términos comerciales la negociación entre la potencia norteamericana y los países del istmo no fue equilibrada. Los campesinos del Istmo decían que era como poner a competir a un tigre suelto contra un burro amarrado. La resistencia popular fue dura con marchas en las calles, reuniones gremiales y comunicados de protesta de organizaciones campesinas.

Al no poder firmar un tratado con la región completa, en el clásico divide y vencerás, los Estados Unidos impulsaron tratados bilaterales con los diferentes gobiernos neoliberales, en negociaciones a puerta cerrada, en las que participaron algunos sectores populares previamente cooptados por los negociadores, con prebendas y promesas de éxito individual en los negocios. Este tratado comercial no tuvo ningún respeto de las asimetrías entre el gigante norteamericano y los pequeños países centroamericanos, e hizo caso omiso a los llamados de los productores para tener en cuenta las desigualdades existentes al interno de la región y de los países del istmo.

 

Las trabas para exportar hacia los Estados Unidos no son solo los aranceles en sí, que disminuyeron con el Tlc, sino los grandes subsidios que reciben los productores norteamericanos, además de los obstáculos no tarifarios, es decir una nebulosa de exigencias sanitarias, de embalaje y otros requerimientos prohibitivos para la mayor parte de los productores centroamericanos, con bajo nivel tecnológico de transformación agroindustrial y desconocimiento de las normas y modus operandi en materia de comercio internacional.

Los triunfadores con este tratado fueron los grandes importadores y comerciantes que están haciendo un buen negocio con los exportadores norteamericanos, además los beneficiados son los centroamericanos ricos, dueños de cadenas de supermercados, centros comerciales y los mayoristas. Además, los banqueros que canalizan un tercio del crédito hacia el sector comercial y de servicios. El auge de las importaciones y del comercio interno significa más ganancias para los bancos, propiedad de esa elite que controla la economía del Istmo. Los empresarios de la maquila se están beneficiando también con este TLC porque ahora pueden vender a los Estados Unidos libre de aranceles sus mercaderías en el marco de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe ICC.

 

Por la senda abierta por el CAFTA-DR llegaron otros neocolonizadores con corbata, esta vez los de la Unión Europea, proponiendo un Acuerdo de Asociación ADA UE-CA, “un TLC del rostro más humano” según ellos. Dijeron que mas allá del intercambio de mercancías, incluían el dialogo político y la cooperación internacional. Pero los productores campesinos e indígenas centroamericanos no tragaron el anzuelo, y como decía el diputado del FMLN Sigfrido Reyes “en realidad se trata del típico TLC envuelto en papel de regalo”.

Según las organizaciones populares este acuerdo de asociación esconde un propósito estratégico. La Unión Europea es el segundo socio comercial para Centroamérica (después de los Estados Unidos) un acuerdo bilateral con Costa Rica, que cubre el 60% de la balanza comercial UE-CA (Observatorio CA-UE, 2010) habría resuelto “el problema mercancías”. Por lo tanto, ese plan no se dirigía a las mercancías centroamericanas. El verdadero botín está en sectores estratégicos como la generación eléctrica, la telefonía, la construcción de represas, puentes y carreteras además de la riqueza biogenética centroamericana, cuyas reservas apetecen las transnacionales farmacéuticas.

 

A cuentas hechas, los accionistas de las cien mayores transnacionales que actúan en Centroamérica son los grandes beneficiarios de estos tratados de libre comercio, ya que acrecientan su poder supraestatal que directa o indirectamente imponen en la política de los estados nacionales, así como en la vida diaria de los centroamericanos y no fueron invitados a la fiesta de la modernización económica.

 

A través de estos tratados manipulan la estructura jurídica de los estados nacionales modificando las leyes nacionales que los Estados Unidos y la Unión Europea exigen para respaldar a sus inversionistas en connivencia con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Como en el caso de la incompetencia de los tribunales nacionales para solucionar conflictos entre inversionistas y los estados. Estos conflictos deben ser sometidos a tribunales arbitrales internacionales cuando los inversionistas lo soliciten, tribunales de naturaleza privada como el CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones del Banco Mundial) y la CNUDMI (Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional)” (Trejos, Fernández, 2006: 188).

Insertan sus prioridades jurídicas, sus normas y condiciones, en los sistemas jurídicos nacionales, y estas se convierten en ley de la República una vez que son ratificados por el poder legislativo y publicados en la Gaceta Oficial. Este poder de facto se concentra en una especie de ley global, se trata de una constitución con aplicabilidad planetaria, no escrita en ninguna carta, ni deliberada por ningún parlamento, pero hecha a la medida de las transnacionales y viene llamada Lex Mercatoria, y representa para la soberanía de los países del istmo un golpe de estado de baja intensidad.

 

De acuerdo con el marco institucional de los países centroamericanos, estos acuerdos internacionales al convertirse en ley subordinan automáticamente todo el marco jurídico secundario, como son las leyes laborales, ambientales, o de inversiones (Raúl Moreno, 2004). Esto amarra jurídicamente las reformas neoliberales a las leyes nacionales, sometiendo la soberanía nacional a las exigencias de estos poderes foráneos.

 

Esta situación en Centroamérica ha transformado las reglas que rigen la economía de la región por encima de las constituciones de los estados nacionales y representan el reflejo jurídico de la globalización y de la integración regional de los grupos centroamericanos de poder.

Estos grupos registraron un proceso de modernización con el consenso de Washington. Ya no son los hacendados tradicionales. Ensancharon su finca y su visión ampliando su espacio natural de acumulación hacia toda la región. A la vez que diversificaron sus herramientas de trabajo y de explotación. Ya no solo se trataba de la agricultura para la exportación, sino que ahora sus intereses se encuentran en los llamados por ellos “intereses dinámicos” de la economía de la neocolonización: las exportaciones no tradicionales, incluida la maquila, el turismo, las finanzas y sobre todo los servicios que representan el 58,5% del PIB regional (Ramírez, 2008).

Esta regionalización se completa y se inserta en el Sistema Mundo (Wallerstein, 1974) a través de las transnacionales y da lugar a la internacionalización, por medio de las alianzas estratégicas de estas con los grupos de poder centroamericanos.

 

Estos nuevos empresarios llegaron al poder político en Centroamérica a través de una serie de gobiernos pro-empresariales en los diferentes países del istmo ya en los años ochenta y fue la moneda corriente de la política cuando el neoliberalismo se convirtió en religión y el consenso de Washington en sus diez mandamientos. El contacto entre lo político y lo empresarial, se da por medio de las cámaras de comercio o las confederaciones de las empresas privadas del istmo, mecanismo que registró una integración sin precedentes en toda la región en la primera década del presente siglo (Segovia, 2005).

 

La contracara de esta integración empresarial a nivel regional está en la tercerización de la economía que tiene su retaguardia en el subempleo, donde se refugian los campesinos expulsados por el abandono estatal del campo y los artesanos y microempresarios de las ciudades, que se arruinaron con la apertura de las importaciones de zapatos, ropa y otros productos antes producidos por manos de artesanos centroamericanos.

 

 

 

 

La Alternativa Bolivariana para los pueblos de nuestra América

“Si los ricos la odian tanto, debe ser una cosa buena para los pobres”!

 

Del sur, en cambio, con una filosofía opuesta a los tratados de libre comercio, a las transnacionales, a los grupos de poder económico y a sus leyes, surge la Alternativa Bolivariana para los pueblos de América ALBA, propuesta geo-política autóctona, que apuesta por la cooperación sur-sur y al desarrollo endógeno. Sosteniendo las ventajas cooperativas, es decir, los intercambios internacionales basados en la solidaridad entre los pueblos y no las ventajas comparadas, construidas sin atención a las asimetrías en el comercio internacional, el gap tecnológico y la interdependencia alimentaria entre el hemisferio norte y sur del mundo.

 

Entre las últimas invenciones estratégicas del smart-power (que combina el poder militar y la diplomacia) están las acciones como el golpe de estado en Honduras en junio del 2009, para entorpecer la buena marcha de esta asociación. Las clases altas locales, apoyadas por Estados Unidos actuaron para castigar el atrevimiento de un gobernante (Manuel Zelaya) que aunque procedente de la derecha y hacendado, él mismo, osó contradecirlos asociando a Honduras en el ALBA.

Fue una cirugía invasiva al estado de derecho, con el bisturí de la para-política y la anestesia post-operatoria de la Organización de Estados Americanos OEA. Golpearon en la parte históricamente más vulnerable del istmo centroamericano, pretendiendo amedrentar a otras naciones y marcando una línea de contención para el proyecto integracionista, mientras continuaban aumentando sus fortificaciones en el área con la IV flota de la marina de los Estados Unidos, que aumenta sus bases militares en Colombia y Panamá para un total de veinte en el sub continente (Ortega, Gómez, 2010)[2].

 

Esas estructuras de fuerza, sumadas a la USAID, ONG’s, los TLC y sus trasnacionales, más todas las injerencias operadas indirectamente por los estados Unidos[3] pretenden mantener su hegemonía, negando la opción a que nuestras naciones tengan cooperación y solidaridad entre sus pueblos.

El ALBA lucha contra esta hegemonía por medio de proyectos de solidaridad en ámbitos como salud y educación, a través de los tratados de Comercio de los Pueblos TCP alter ego de los TLC’s. Además del Sistema Único de Compensación Regional SUCRE y a PETROCARIBE instituido para dar seguridad energética a los países participes de este proyecto, que desde sus inicios en abril del 2004 se han paulatinamente integrado.

Pero que significa el ALBA para los centroamericanos? En una entrevista a una señora humilde en una marcha contra el golpe de estado en Honduras un periodista le pregunta ¿qué es el Alba? ella decía que era una cosa buena, el periodista le insiste, pero ¿qué es? La señora se detiene unos segundos a pensar y le responde: si los ricos la odian tanto ¡debe ser una cosa buena para los pobres!

 

 

 

[1] “Panamá, Costa Rica y El Salvador, son los países menos agrícola del área con un 8%, 10% y 12% respectivamente, mientras que Honduras, Guatemala y Nicaragua son los más agrícolas con un 22%, 23% y 30% respectivamente”. (Moreno, 2008:43)

[2] “La lista la encabeza Colombia con siete bases y dos instalaciones en Cartagena (en el Mar Caribe), Larandia (en el departamento de Caquetá, al sur del país), Tolemaida y Palenquero (en Cundinamarca, en el centro), Málaga (en la región del Pacífico), Apiay (en el departamento de Meta), Malambo (en el Atlántico), y otras de las cuales ya disponía, como Tres Esquinas (en la Amazonia colombiana)” (Ortega, Gómez, 2010: 13).

[3] Según Eva Golinger: El Presupuesto de la USAID y el Departamento de Estado aumenta el 12% para el año 2010, con 2,2 mil millones de dólares destinados a América Latina: 447,7 millones de dólares son para “promover la democracia” en América Latina. 13 millones de dólares para “promover la democracia” en Venezuela. 101 millones de dólares para “promover la democracia” en Bolivia. 3 millones de dólares para un fondo especial para la OEA para “consolidar la democracia representativa en Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela”. 20 millones de dólares para la “transición hacia la democracia” en Cuba. El Presupuesto del Comando Sur aumenta en un 2% para llegar a los 200 millones de dólares para el 2010 más 46 millones de dólares adicionales para mejorar la base militar de Palanquero, Colombia, para el uso estadounidense. Articulo Sigue el dinero: La ofensiva imperial en América Latina se evidencia en dólares. 31 de Julio 2009 Adital http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=40177

CAPITULO III Globalización y transformaciones La rebeldía del hambre, solo el pueblo salva al pueblo!

 

 

Las secuelas de más de dos décadas de neoliberalismo sin tapujos, han provocado una serie de transformaciones en nuestros pueblos que se están ocupando de juntar el disenso tanto rural de campesinos y pueblos originarios, como urbano de trabajadores y desempleados y el hambre neoliberal  se está encargado de unirlos en una resistencia popular para construir un nuevo socialismo y un nuevo futuro con todas las manos centroamericanas, que han desenterrado los viejos fusiles del los ochenta, para clavarlos boca abajo en las ciudades para “la batalla de ideas[1]”. 

 

 

Nueva jerarquía social

Integrada por arriba y fragmentada por abajo

 

Casi dos décadas y media de este tipo de globalización han provocado en Centroamérica una metamorfosis en la jerarquía social. Una concentración de la riqueza en una cúpula cada vez mas restringida, junto a un enflaquecimiento de la clase media. Sus antiguos habitantes han sido desplazados hacia los territorios de la pobreza. Y los mas empobrecidos de estos, han sufrido un desliz hacia el subsuelo social de la extrema pobreza.

 

De las clásicas tres clases sociales con las que se acostumbraba fotografiar la realidad, se ha iniciado a distinguir cinco, de las cuales una en el exterior, los expatriados de la globalización: Al vértice una elite de diez familias que controlan la región[2] (Vernick, Álvarez, 2006). Viven en un mundo de lujos a una distancia social sideral del resto de los centroamericanos, amurallados en sus mansiones, transcurren su vida en régimen de apartheid social. Tienen niveles de educación muy altos, estudian en las mejores universidades de Europa y los Estados Unidos. Son bilingües o poliglotas y tienen acceso a la tecnología de punta. Tienen yates, aviones y helicópteros privados o los alquilan para ocasiones especiales, usan relojes de oro, viajan por el mundo y manejan carros de lujo. Viven casi como los ricos del norte del mundo, pero enclavados en la pobreza del sur.

Inmediatamente debajo de esta clase, una serie de familias rondan esta cúpula. Estas se reúnen alrededor de veintiocho grupos financieros[3] (Segovia, 2005: 62). Estas familias tejen y destejen, de por vida, alianzas matrimoniales con negocios, con el ansia y el deseo de entrar en la cúpula de los Vip de la globalización. Esta clase mezcla los negocios con la gestión del estado y del país: la iglesia, las universidades, las instituciones publicas y privadas más importantes. Son diputados, directores generales, ministros. Viven soñando en mejorar la raza casándose con un vip o con un extranjero de alcurnia para blanquear la piel y el apellido. Viven en barrios exclusivos con mansiones en versión miniatura, estudian en el exterior o en la mejor universidad nacional con un postgrado en Costa Rica o México. Transcurren su vida imitando los lujos de la cúpula, con un pie imaginario en el peldaño superior y otro amarrado al de abajo, a su realidad que los ata.

Un poco mas abajo, reside una clase media cada día mas pobre, formada por profesionales, comerciantes y burócratas estatales, a grandes líneas el 12% de la población centroamericana con educación universitaria (Mora, 2008). Esta clase vive en las colonias residenciales de las capitales, casas con tres cuartos, sala, comedor, dos baños mas un cuartito con su bañito en el fondo de la casa para la (llamada por ellos con orgullo social) “la empleada”. Tienen tiempo libre y lo usan haciendo turismo interno, yendo al cine y muy de ves en cuando a las presentaciones artísticas internacionales que cuestan entre 50 y 100 dólares. Es un grupo heterogéneo donde se anida también la clase política progresista centroamericana.

Todavía abajo, se encuentra cerca del 60% de los centroamericanos que viven en la pobreza (FAO-PESA, 2011)[4] y ganan 8 veces menos que la clase media anterior (Mora, 2008). Esta clase con la camisa remendada, los zapatos con segunda suela puesta por el zapatero de la esquina o vestida con ropa usada made in USA, vive en barrios pobres en las ciudades, en casas hechas por mitad de bloques de cemento y mitad de madera. Y en chozas con el piso de tierra en el campo. Son jornaleros, obreros de la construcción, artesanos, amas de casa, vendedores ambulantes y más. Se encuentran en la nebulosa laboral del subempleo, que envuelve la mitad de la población económicamente activa (Levaggi, 2006) sin garantías, ni pensión en su futuro. Para divertirse se toman una botella de ron, un par de cervezas mientras escuchan una Bachata y un Regeton y enamoran a una linda centroamericana que pasa a la misma hora frente a su casa. Se mueven por la ciudad en los buses que atraviesan las desordenadas capitales entre el bullicio, el trafico y el humo de los carros. Algunos sin mas opción, se refugian en la micro-criminalidad. Luchan por completar los tres tiempos de comida y la mayoría tiene tres años de escolaridad; solo una parte, con mucho sacrificio termino el bachillerato. Hay mucha solidaridad y mucha violencia en esta clase y la vida es cuesta arriba.

 

En el exterior viven los expatriados, 5 millones de los 42 en la entera región. Esta nueva clase desterrada vive un exilio que se engendra en su patria, cuando la fuerza centrifuga de la exclusión económica los expulsa de su casa, con la ilusión de salir de la pobreza. Con un pie en los recuerdos y las nostalgias de su pueblo, de su familia, de sus hijos y el otro en las ciudades norteñas, enfrentando cotidianamente discriminaciones por su procedencia social, acompañados solamente de un pasaporte que se deteriora con los años en el bolsillo de atrás.

 

La Globalización a la centroamericana

Un minucioso proyecto neocolonizador

Si de globalización económica se trata, no tiene sentido hablar de cuatro estados nacionales (Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua), más bien de uno solo, pero fragmentado. El tipo de globalización aplicada en estos países a grandes líneas funciona así: las remesas entran en la región y representan el 15% del PIB[5], donde son casi íntegramente utilizadas como sucede en el 76% de los casos en El Salvador (Maldonado y Gonzales, 2009) en el consumo de bienes y servicios. Estos, son vendidos por las diferentes transnacionales norteamericanas y europeas y por sus socios locales: importadores mayoristas, dueños de cadenas de supermercados y de centros comerciales en los diferentes países, los que se reúnen alrededor de la cúpula de las diez familias mas ricas y de los 28 grupos financieros (Segovia, 2005). Estos últimos se dotan de crédito de los grandes grupos bancarios internacionales con los cuales tienen acuerdos y negocios. Estas familias pagan pocos impuestos ya que en las ultimas dos décadas la estructura fiscal regional la han convertido cada ves en más regresiva, suprimiendo los impuestos directos al capital y aumentando los indirectos, como en el caso del Impuesto al Valor Agregado IVA, la principal fuente de ingresos públicos. Esto significa que se redujeron los impuestos al capital y se los aumentaron a los trabajadores (Moreno, 2008).

Dos décadas de este neoliberalismo ha atraído por un lado la llegada masiva de la cooperación internacional, para aliviar los efectos colaterales derivados de este tipo de globalización. Guatemala y Honduras se encuentran entre los 9 países a nivel global que reciben más cooperación internacional. De lo donado por la Unión Europea para América Latina, el 60% se destina para Centroamérica que representa solo el 7,2% de su población (FAO-PESA, 2011).

En América Central (excluyendo a Costa Rica y Panamá) la cooperación internacional representa el 15% del PIB. Si le sumamos el 15,% del PIB regional que deriva de las remesas de los expatriados (Mora, 2008) y a este el 20% del PIB regional (Vargas, 2009: 20) proveniente de las exportaciones de las maquilas, se llega a cerca del 50%. Las remesas, la cooperación internacional y la maquila constituyen el nuevo patrón de crecimiento y motor de la economía de estos países, en una versión tropical de la globalización a la centroamericana, sobre todo en el triangulo del sur (Guatemala, El Salvador y honduras) Nicaragua se ha alejado de ese patrón gracias a los avances que se han realizado con el gobierno Sandinista.

 

Actores fácticos, nuevos sujetos de poder

La impunidad, retaguardia de la violencia para-estatal

 

Las transformaciones históricas de la postguerra, económicas del neoliberalismo y sociales de la globalización, encerradas dentro de lo que llamo “la globalización a la centroamericana” han provocado la apertura de las puertas del estado-nación a la co-participación a múltiples actores fácticos, en un mecanismo para-político al margen de la ley. En el que “el estado de derecho pierde poder al coexistir con un derecho no oficial dictado por múltiples legisladores fácticos que transforman lo fáctico en norma, gracias a su creciente poder económico, disputando al estado, el monopolio de la violencia y del derecho” (De Sousa Santos, 2005:26). Situación que ha creado dos grandes grupos sociales. Están los súper-ricos y en el polo opuesto los empobrecidos. En el litoral del poder el triangulo de los VIP de la globalización, conformado por esas diez familias, las cien transnacionales y los veintiocho grupos financieros de los que tratamos paginas atrás, estos últimos estrechamente ligados a la moderna dictadura del capital Financiero transnacional (capital financiero especulativo, complejo militar industrial y capital extractivo-energético). Es una clase político-empresarial financiera de dimensiones regionales, con una gran cohesión gremial, con negocios extra regionales y bien vinculada entre sí. Esta cúpula se coloca y utiliza su poder para sus fines por encima de las políticas nacionales.

Mas allá, en la geografía del poder, se encuentra una zona gris, territorio de los actores fácticos: sujetos sin poder formal pero con grandes influencias de facto. De ellos se dice poco y están presentes sobre todo en el triangulo del norte, las investigaciones académicas y las averiguaciones periodísticas llegan hasta la zona gris y pocas veces meten pie. Es una zona en la que los reflectores de la legalidad y la vida pública se apagan y el estado de derecho se desdibuja. En esta zona de contornos imprecisos, de una especie de capitalismo sin estado, es donde muchos empresarios se vuelven progresivamente actores fácticos protegidos por una muralla impalpable, constituida por una serie de prestanombres que hacen perder los rastros de los negocios menos legales. Una estructura corporativa integrada y jerárquica, encabezada por un padre-patrón, seguida de su circulo de socios, luego sus clientes, una serie de matones y sicarios, mas abajo los informantes y al final los peones.

El Istmo, franja territorial entre dos narco-estados (Colombia y México) se encuentra a lo largo de la arteria del trafico de cocaína, cerca del 88% de la droga que ingresa a los Estados Unidos (ONU,2007) pasa por el istmo. Mientras el lavado de activos completa este panorama, y comienza en el paraíso fiscal de Panamá City, donde se encuentran el 47% de los activos a nivel regional[6]. Dólares que se irradian después a lo largo de las naciones del istmo en billetes de bajas denominaciones, circulando por las economías nacionales, hasta llegar a las transacciones cotidianas más comunes.

La globalización neoliberal requiere secretamente, de los paraísos fiscales, como de los actores fácticos para perdurar como compensación equilibrante de su status quo.

El cordón umbilical que une a estos sujetos de poder, tiene su matriz histórica en la inconclusa pacificación en Centroamérica a caballo de los años noventa. Escenario que tuvo su continuidad en una serie de auto-amnistías (Scalabrino, 2007:16) y la impunidad difusa que con el tiempo ha creado una especie de cordón sanitario alrededor de los victimarios (sobretodo en Guatemala), domesticando todos los intentos de búsqueda de justicia y promoviendo la corrupción como vía rápida al éxito para los emergentes (en el triangulo del norte. Estas dinámicas para-políticas siguen debilitando las estructuras estatales, ya erosionadas por el minimalismo estatal, fruto de la imposición/aceptación de el consenso de Washington, situación que se esta combatiendo actualmente en países como Nicaragua, se esta intentando detener en El Salvador y fue un intento frustrado en Honduras, con el aborto histórico que significo el golpe de estado en 2009, Guatemala se encuentra en la peor situación del Istmo. Pero recordemos que este libro llega al 2007.

 

La clase política del istmo con la complicidad de los poderes foráneos después del 1989 debilitó el estado nacional irregularmente. Lo fortaleció por una parte, pero para ser capaz de disciplinar una debilidad dirigida y funcional al nuevo sistema de acumulación. Es paradójico, tratare de explicarlo. El estado no tiene que desaparecer, solo eclipsa estratégicamente algunos segmentos de su estructura, su aparataje jurídico-institucional es necesario para las transnacionales. Estas en connivencia con los grupos de poder domésticos, deben garantizar el funcionamiento de esos aparatos, como base territorial de su negocio. Por esto es indispensable que estos grupos de poder nacionales, mantengan su presencia en los partidos tradicionales, financiándolos y maniobrando los equilibrios de la política, escenificando lo que de otro ángulo se observa como conflictos en las democracias modernas nacionales. Se trata de un moderno teatro político, en el que las mayorías empobrecidas tienen un peso nulo. Como afirma John Dewey “la política, es hoy la sombra que los grupos de poder proyectan sobre la sociedad”.

 

La modernización irregular que estos grupos de la mano de los centros de poder mundial han promovido, desmantela pues al mismo tiempo que moderniza diferentes segmentos de la estructura jurídica de la economía y de la sociedad. Esta modernización irregular, es enérgica al reforzar los mecanismos de acumulación y la privatización de la economía, su tercerización y la reprimarización de la producción, promoviendo leyes en los diferentes países con este objetivo. Por otro lado, ha promovido el desmantelamiento del estado de bienestar, transformando en negocios muchos de los servicios básicos semi-gratuitos, decretando un derrumbe en el índice de desarrollo humano y un aumento intrínseco en la desigualdad. Renunciando a frenar la exclusión, la crisis del contrato social, situación que ha expuesto a enteras poblaciones ya vulnerables a la fuerza centrifuga de esta modernización, personas de carne y hueso que han sido convertidas en “socialmente invisibles”.

En cambio este proyecto modernizador ha sido enérgico al modificar la imposición fiscal a favor de las elites nacionales y con el objetivo de beneficiar las inversiones de los amigos de los gobiernos de turno, como las 100 transnacionales.

El estado ha mostrado en otros ámbitos su lado flaco, al modificar las legislaciones domésticas subordinando sus sistemas jurídicos a las leyes a las prioridades que exigían los tratados comerciales, que no responden a los intereses nacionales y no protegen la soberanía y mucho menos la autodeterminación de los estados centroamericanos.

 

En otras esferas el estado nacional se ha mostrado robusto y decidido, abandonando a los pequeños productores agropecuarios en el campo, pieza fundamental para salvaguardar la soberanía alimentaria, abriendo los mercados internos a las importaciones de granos básicos. Al mismo tiempo que ha abiertamente desprotegido la pequeña industria artesanal familiar en las ciudades, dejando en quiebra los artesanos y la mediana y microempresa familiar, que es mayoritaria en relación a los grandes empresarios que por ejemplo en Nicaragua representan solo el 25%.

 

Por el contrario se ha mostrado débil y miope, al no percibir la infiltración de las redes del narcotráfico en los cuerpos de policía de los países centroamericanos, de los que se salva solo Nicaragua, porque de cuna sandinista, hija de una revolución popular.

El modernizado estado nacional se ha mostrado débil en la lucha contra la impunidad y desatento en el dejarse escapar de las manos el monopolio de la violencia y del derecho, que ha pasado progresivamente de mano a los actores fácticos. La impunidad es hoy el punto de flexión que permite a las redes criminales aumentar su poder de infiltración, utilizando de almacén operativo las estructuras ex-militares en excedencia, tras la desmovilización que siguió a la firma de la paz.

Actualmente el triangulo del norte está entre los trece países en el mundo que registran más muertes por armas de fuego y las cifras de asesinatos son superiores a las de los años de los conflictos armados (Banco Mundial, 2011). El monopolio de la violencia en mano a este nuevo sujeto de poder al margen del estado de derecho, utiliza la para-política como lenguaje y los paramilitares como brazo armado. La impunidad es su salvoconducto, empresarios legales e ilegales se mezclan en negocios, mientras la impotencia de los sistemas jurídicos convierten en aséptico, el todo.

 

La pobreza neoliberal causa estragos en la mayoría  

Solo el pueblo salva al pueblo!

 

El hambre neoliberal ha producido pero una respuesta popular inédita y emancipadora como respuesta a los 16 años de neoliberalismo y ha determinado el cambio de rumbo político en la región. El encuentro de los campesinos e indígenas expulsados del campo, con los movimientos sociales de las ciudades y el hambre común, han juntado las luchas mas allá de las proclamas políticas electorales.

A la raíz de esta respuesta se encuentran los pueblos originarios y los campesinos provenientes de las áreas rurales y los centroamericanos que les cuesta completar los tres tiempos en las ciudades, juntos han encubado el cambio que hoy esta trazando un nuevo destino político para el Istmo y que promete un futuro de paz para el itsmo.

De la celebración del quinto centenario de resistencia a la conquista española en 1992 se organizaron por vez primera asambleas continentales. En estas reuniones los pueblos originarios centroamericanos desde la frontera sur de Panamá hasta la frontera norte de Guatemala junto a todos los campesinos y artesanos de las ciudades se encontraron y se dieron cuenta de ser víctimas del mismo tipo de injusticias en los diferentes países del istmo de los cuales provenían. Ante dificultades de recursos y organizativas, lucharon por constituir diferentes plataformas de información y coordinación para globalizar la resistencia y defender sus derechos bajo una visión común. Contemporáneamente se coloca la ofensiva diplomática norteamericana de los últimos años con el objetivo de llegar a la aprobación del DR-CAFTA, ofensiva que fue seguida por la Unión Europea con una propuesta símil, el ADA-UECA. La oposición social a estas sirvió de “catalizador” en el surgir de una izquierda popular organizada. Única opción para contrarrestar a los gobiernos pro-empresariales con una ideología neoliberal que en esos años (1990-2007) dominaban el panorama político en la entera región.

 

Los movimientos indígenas y campesinos centroamericanos atrapados entre los hilos de la modernización, fueron empujados a engrosar las villas miseria de las ciudades más importantes del istmo. Y se acercaron a la resistencia popular urbana que luchaba contra la pobreza extrema y el hambre, crecidos exponencialmente en las décadas neoliberales. Estos indígenas y campesinos con su visión de la dignidad vinculada a la tierra como bien común, a la solidaridad y a la economía comunitaria, han enseñado y puesto en práctica con nuevos valores, la idea que otro mundo es posible y que otro socialismo autóctono es factible, el socialismo del Siglo XXI, y han inyectado nueva linfa a los movimientos políticos de las ciudades, retomando la fuerza ancestral del continente para arribar a la segunda independencia de Nuestramérica.

[1] Fidel Castro Ruz

[2] Stanley Motta (Panamá), Sebastián Tena Pujol (Costa Rica), Carlos Pellas Chamorro (Nicaragua), Fredy Nasser Selman (Honduras), Miguel Facussé Barjum (Honduras), José Ricardo Poma Delgado (El Salvador), Dionisio Gutiérrez y Juan Luis Bosch (Guatemala),Ramón Campollo (Guatemala),Julio Herrera Zavala (Guatemala), Jorge Castillo Love (Guatemala).

[3] Guatemala: CABCORP (familia Castillo); Cervecería Centroamericana (familia Castillo); La Fragua (familia Paiz), Multi-Inversiones (familia Gutiérrez – Bosch); Novella (familia Novella); Pantaleón (familia Herrera). El Salvador: Adoc (familia Palomo-Meza); Agrisal (familia Meza- Ayau); Banco Agrícola (familias Baldocchi- Dueñas, Kriete); Cuscatlan (familia Bahaia, familia Cristiani); De Sola (familia De Sola); Sigma (no es una familia, sus principales accionistas son Salvadoreños y Guatemaltecos); Poma (familia Poma); Quiroz (familia Quiroz); Siman (familia Siman); Taca (familia Kriete). Honduras: Carrión (familia Carrión); Grupo Cressida (familia Facussé). Nicaragua: Fogel (familia Tefel); Lafise (familia Zamora); Pacific (familia Hollman); Pellas (familia Pellas). Costa Rica: Corporación de Supermercados Unidos CSU (Familia Uribe); Durman-Esquivel (Familia Durman – Esquivel); Dos Pinos (Cooperativa de 1600 productores); La Nación (principales accionistas: Jaime Solera Benett, Manuel Jiménez de la Guardia, Francisco Mendiola Bengoechea, Fernanado Madrigal Antillón). Panamá: Banistmo (familias Ballarino – Lewis, Galindo); Motta (familia Motta).

[4] Honduras a la cabeza (68,9%), seguido de Nicaragua (61,9%),Guatemala (54,8%) y El Salvador (47,9%) (FAO-PESA, 2011:5).

[5] En El Salvador 17,2%; Honduras 21,5%; Nicaragua 12,4% y Guatemala 11,45 (IDH, 2010)

[6] Costa Rica: 10.696 millones de dólares, posee un 14%; Guatemala: 10.565 millones de dólares, tiene el 13,9%; El Salvador: 10.510 millones de dólares, controla un 13,8%; Honduras: 6.071 millones de dólares, para un 8 % y Nicaragua: 2.529 millones de dólares, con el 3,3%. Revista Summa # 137. Octubre 2005.

 

Agradecimientos y viajes

Este libro fue escrito en ocho meses de estadía en Cuba mientras preparaba una propuesta de investigación para la Universidad de La Habana. Desde la isla se observaba mejor el Istmo. El libro que tienen en sus manos anduvo a cuestas en una mochila por todos los países de Centroamérica desde el 2002 hasta el 2010, bajando de lanchas con el agua hasta el cuello y la computadora levantada en la mochila, atravesando fronteras en medio del polvo, las comidas rápidas y los sellos migratorios de entrada y salida y tantas horas de bus.

Mi agradecimiento más profundo va a todas aquellas personas que compartieron conmigo sus conocimientos y me acogieron en sus casas y me trataron como uno más de la familia. Además de a todos y todas aquellas personas que aceptaron ser entrevistadas.

En un bici-taxi en la frontera del Guasaule, me dijo una muchacha “Viajar es vivir” y efectivamente es vivir más rápido.. cambiar de país y de realidad cada 5 ò 7 días por todos los países a lo largo de uno o dos meses al año, significaba cambiar de moneda, de los periódicos que se leen en la mañana, de la forma en la que se habla o se toma un taxi en la calle.

Agradezco también a algunas personas que hicieron parte de este proyecto de investigación, como mi esposa que me esperaba los meses que me alejaba en mis viajes, mi padre que siempre creyó en este proyecto y a otros amigos como al historiador nicaragüense Aldo Díaz Lacayo por las pláticas y enseñanzas, a Elsa Claro Madruga periodista y poetisa cubana, Sergio Guerra Vilaboy filosofo e historiador también cubano, y a los que se dieron el tiempo de revisar este texto antes de publicarlo. Lo escribí pensando en la juventud centroamericana y en especial en la juventud nicaragüense.

 

 

 

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La Globalización a la centroamericana

Próxima publicación…

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Introducción  

El istmo centroamericano está formado por un conjunto de países entre los más pobres del continente, símiles por población y recursos naturales, por esto, es necesario analizar el porqué de la fragmentación política de la región, a contrapelo de su unidad geográfica natural (Díaz Lacayo, 2010) y cultural, es necesario hoy mas que nunca estudiarlos como uno solo, pero fragmentado, hoy que los empobrecidos están luchando por la emancipación desde cada una de sus realidades.

 

Los países de Centroamérica son diferentes al resto de América Latina, tienen otro ecosistema humano, una familia extensa, más comunitaria, una tecnología más campesina, una infraestructura singular.. una carretera al norte, una al sur, un mercado importante a nivel nacional (sin mercados adyacentes) un puerto internacional importante en el pacifico y uno en el atlántico, un centro de acopio significativo. Son realidades nacionales con una de cada una de las cosas esenciales para llamarse nación.

 

En lo que llamo la globalización a la centroamericana, quiero revelar cómo se entrelazan las diez familias mas ricas de la región y los 28 grupos financieros domésticos por la parte interna de la estructura de la acumulación. Por otro lado, las ramificaciones entre estas familias y grupos, con las 100 transnacionales más importantes presentes en la región. Además de los tratados comerciales, que funcionan como lubricante de este mecanismo neocolonial.

Es pues, desde la reforma liberal en 1871, como tragedia indígena, campesina centroamericana, que comienza esta historia a través de carreteras de tierra al margen de la historia oficial. Transita por la historia del novecientos, saltando como entre charcos a través de los hechos históricos en los que la voluntad de las mayorías volcaron la realidad y los de abajo se apropiaron de la historia. Agudiza la mirada desde el inicio del consenso de Washington que da vía libre al desmantelamiento del estado nacional y al bussines de la privatización, promovida por los gobiernos pro-empresariales que habían tomado en mano las redes de la política y de la economía, convirtiendo el entero sistema funcional a la acumulación de la riqueza en pocas manos.

Este libro se detiene con la crisis financiera global que comenzó en el 2007 y coincide con la llegada al poder en Nicaragua de Daniel Ortega con el Frente Sandinista, Álvaro Colom en Guatemala, Manuel Zelaya en Honduras y Mauricio Funes en El Salvador, que ponen en tela de juicio el pensamiento único neoliberal. Acompañada de la llegada de la Alternativa Bolivariana para las Américas ALBA, que apoya los gobiernos que se asocian con este proyecto de solidaridad, en contra el poder constituido neoliberal.

Estos nuevos gobiernos bloquean la devastación incendiaria capitalista, abriendo un periodo post-neoliberal en Centroamérica. Son gobiernos que meten en discusión el consenso de Washington y dirigen su mirada a su pueblo, a su pobreza con rostro infantil, femenino e indígena.

La globalización a la centroamericana

La globalización a la centroamericana

 

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Índice …………………………………………………………………………………….….. 3

Prefacio ………………………………………………….…………………………………… 5

Introducción ………………………………………………………………………………… 6

 

 

CAPITULO 1

 

La formación del estado nación 1873 – 1989

Un siglo de luchas sociales

 

Antes de la Reforma Liberal

La reforma liberal y la construcción de la nación ………………….…..……..9

Una tragedia indígena y campesina

Las rebeliones de los treinta …………………..………………….……………….. 11

Contra el filibusterismo y la explotación

Los movimientos guerrilleros de los ochenta ………………………………….. 15

Por el sendero de Farabundo y Sandino

El consenso de Washington ………………………………………………….…….. 16

Tecnología burocrática para privatizar

Nicaragua ………………………………………………………………………………… 20

Honduras …………………………………………………………………………………. 22

El Salvador ……………………………………………………………………………… 24

Guatemala ……………………………………………………………………………….. 26

 

CAPITULO 2

 

Las secuelas neoliberales 1989 – 2006

Privatizaron la carne y socializaron los huesos

Abandono estatal y descampesinización regional …………………………….. 27

Sembrando sin zapatos, el campesino se queda solo

 

Éxodo rural y hacinamiento en las ciudades ……………………………….….. 30

Ingeniería social, del campo a la ciudad…

 

Mano de obra barata y subcontratación ………………………………………… 32

Ex-campesinos y desempleados: el triunfo de la maquila

 

Subempleo en patria o emigración ………………………………………………… 33

Los expatriados sustentan el nuevo modelo económico

 

Tratados de libre comercio y lex mercatoria ……………………………………. 35

La modernización de la injusticia, como ley mundial

La Alternativa Bolivariana para nuestra América ………………………….. 40

“Si los ricos la odian tanto, debe ser una cosa buena para los pobres”!

 

 

CAPITULO 3

 

Globalización y transformaciones

La rebeldía del hambre, solo el pueblo salva al pueblo!

Nueva jerarquía social …………………………………………………………….… 43

Integrada por arriba y fragmentada por abajo

La globalización a la centroamericana …………………………………………. 46

Un minucioso proyecto neocolonizador

 

Actores fácticos, nuevos sujetos de poder ………………………………………. 47

La impunidad, retaguardia de la violencia para-estatal

La pobreza neoliberal causa estragos en la mayoría …………………….….. 52

¡Solo el pueblo salva al pueblo!

 

Agradecimientos, viajes y entrevistas.………….….………………………..…… 54

 

Bibliografía …………………………………………………………………….…..….. 59

 

 

Prefacio

El presente texto de José Carlos Bonino es un esfuerzo importante en el marco de la nueva tendencia sociológica de la historia durante el último siglo. Enfoca fundamentalmente las luchas más o menos sistemáticas de las grandes mayorías populares empobrecidas que a partir de fines del siglo pasado han logrado un importante avance para saltar a posiciones de poder en Centroamérica

Es un texto en consecuencia que narra desde la experiencia empírica estos cambios.

Una narración ensayística entre historia social y experiencia testimonial,  que sólo se explica como consecuencia de un intenso trabajo de campo entre periodismo investigativo e investigación  social. Este último enriquecido con la aplicación de técnicas etnográficas

Por tratarse de un texto que busca descubrir el impacto de la globalización occidental en Centroamérica implicaba necesariamente un recorrido también amplio a lo largo de todos los países del Istmo. Periplo investigativo, por cierto, acertadamente acompañado por su tutor Sergio Guerra Vilaboy quien lo orientó para desarrollar un análisis con perspectiva critica antiimperialista y desde luego nacionalista, en el sentido de unidad política centroamericana.

La consecuencia de todo esto es que este texto obliga al lector de manera natural a tomar una posición crítica sobre la realidad actual de Centroamérica. No sólo sobre los países cuyos pueblos han logrado el tránsito al poder, sino también en los otros que están en camino de hacerlo. Es decir coloca al lector frente a la disyuntiva de continuar en una posición de receptor de la información acerca de la realidad centroamericana,  sin conciencia del fenómeno histórico, o involucrarse en esta lucha, como protagonista o al menos como testigo. Desde luego José Carlos intenta que la opción final del lector se corresponda con su propia perspectiva de narrador crítico de la realidad de Centroamérica desde fines del siglo XIX a través de todo el siglo XX.

                                                                                                                             

Aldo Díaz Lacayo

Jueves 3 de abril 2014

… un fragmento..

Nueva jerarquía social …………………………………………………………….… 43

Integrada por arriba y fragmentada por abajo

Casi dos décadas y media de este tipo de globalización han provocado en Centroamérica una metamorfosis en la jerarquía social. Una concentración de la riqueza en una cúpula cada vez mas restringida, junto a un enflaquecimiento de la clase media. Sus antiguos habitantes han sido desplazados hacia los territorios de la pobreza. Y los mas empobrecidos de estos, han sufrido un desliz hacia el subsuelo social de la extrema pobreza.

De las clásicas tres clases sociales con las que se acostumbraba fotografiar la realidad, se ha iniciado a distinguir cinco, de las cuales una en el exterior, los expatriados de la globalización: Al vértice una elite de diez familias que controlan la región[1] (Vernick, Álvarez, 2006). Viven en un mundo de lujos a una distancia social sideral del resto de los centroamericanos, amurallados en sus mansiones, transcurren su vida en régimen de apartheid social. Tienen niveles de educación muy altos, estudian en las mejores universidades de Europa y los Estados Unidos. Son bilingües o poliglotas y tienen acceso a la tecnología de punta. Tienen yates, aviones y helicópteros privados o los alquilan para ocasiones especiales, usan relojes de oro, viajan por el mundo y manejan carros de lujo. Viven casi como los ricos del norte del mundo, pero enclavados en la pobreza del sur.

Inmediatamente debajo de esta clase, una serie de familias rondan esta cúpula. Estas se reúnen alrededor de veintiocho grupos financieros[2] (Segovia, 2005: 62). Estas familias tejen y destejen, de por vida, alianzas matrimoniales con negocios, con el ansia y el deseo de entrar en la cúpula de los Vip de la globalización. Esta clase mezcla los negocios con la gestión del estado y del país: la iglesia, las universidades, las instituciones publicas y privadas mas importantes. Son diputados, directores generales, ministros. Viven soñando en mejorar la raza casándose con un vip o con un extranjero de alcurnia para blanquear la piel y el apellido. Viven en barrios exclusivos con mansiones en versión miniatura, estudian en el exterior o en las mejor universidad nacional con un postgrado en Costa Rica o México. Transcurren su vida imitando los lujos de la cúpula, con un pie imaginario en el peldaño superior y otro amarrado al de abajo, a su realidad que los ata.

Un poco mas abajo, reside una clase media cada día mas pobre, formada por profesionales, comerciantes y burócratas estatales, a grandes líneas el 12% de la población centroamericana con educación universitaria (Mora, 2008). Esta clase vive en las colonias residenciales de las capitales, casas con tres cuartos, sala, comedor, dos baños mas un cuartito con su bañito en el fondo de la casa para la (llamada por ellos con orgullo social) “la empleada”. Tienen tiempo libre y lo usan haciendo turismo interno, yendo al cine y muy de ves en cuando a las presentaciones artísticas internacionales que cuestan entre 50 y 100 dólares. Es un grupo heterogéneo donde se anida también la clase política progresista centroamericana.

Todavía abajo, se encuentra cerca del 60% de los centroamericanos que viven en la pobreza (FAO-PESA, 2011)[3] y ganan 8 veces menos que la clase media anterior (Mora, 2008). Esta clase con la camisa remendada, los zapatos con segunda suela puesta por el zapatero de la esquina o vestida con ropa usada made in USA, vive en barrios pobres en las ciudades, en casas hechas por mitad de bloques de cemento y mitad de madera. Y en chozas con el piso de tierra en el campo. Son jornaleros, obreros de la construcción, artesanos, amas de casa, vendedores ambulantes y más. Se encuentran en la nebulosa laboral del subempleo, que envuelve la mitad de la población económicamente activa (Levaggi, 2006) sin garantías, ni pensión en su futuro. Para divertirse se toman una botella de ron barato, un par de cervezas mientras escuchan una Bachata y un Regeton y enamoran a una linda centroamericana que pasa a la misma hora frente de su casa. Se mueven por la ciudad en los buses que atraviesan las desordenadas capitales entre el bullicio, el trafico y el humo de los carros. Algunos sin mas opción, se refugian en la micro-criminalidad. Luchan por completar los tres tiempos de comida y la mayoría tiene tres años de escolaridad; solo una parte, con mucho sacrificio termino el bachillerato. Hay mucha solidaridad y mucha violencia en esta clase y la vida es cuesta arriba.

En el exterior viven los expatriados, 4,5 millones de los 42 en la entera región. Esta nueva clase desterrada vive un exilio que se engendra en su patria, cuando la fuerza centrifuga de la exclusión económica los expulsa de su casa, con la ilusión de salir de la pobreza. Con un pie en los recuerdos y las nostalgias de su pueblo, de su familia, de sus hijos y el otro en las ciudades norteñas, enfrentando cotidianamente discriminaciones por su procedencia social, acompañados solamente de un pasaporte que se deteriora con los años en el bolsillo de atrás.

___________________________________________________________

[1] Stanley Motta (Panamá), Sebastián Tena Pujol (Costa Rica), Carlos Pellas Chamorro (Nicaragua), Fredy Nasser Selman (Honduras), Miguel Facussé Barjum (Honduras), José Ricardo Poma Delgado (El Salvador), Dionisio Gutiérrez y Juan Luis Bosch (Guatemala),Ramón Campollo (Guatemala),Julio Herrera Zavala (Guatemala), Jorge Castillo Love (Guatemala).

[2] Guatemala: CABCORP (familia Castillo); Cervecería Centroamericana (familia Castillo); La Fragua (familia Paiz), Multi-Inversiones (familia Gutiérrez – Bosch); Novella (familia Novella); Pantaleón (familia Herrera). El Salvador: Adoc (familia Palomo-Meza); Agrisal (familia Meza- Ayau); Banco Agrícola (familias Baldocchi- Dueñas, Kriete); Cuscatlan (familia Bahaia, familia Cristiani); De Sola (familia De Sola); Sigma (no es una familia, sus principales accionistas son Salvadoreños y Guatemaltecos); Poma (familia Poma); Quiroz (familia Quiroz); Siman (familia Siman); Taca (familia Kriete). Honduras: Carrión (familia Carrión); Grupo Cressida (familia Facussé). Nicaragua: Fogel (familia Tefel); Lafise (familia Zamora); Pacific (familia Hollman); Pellas (familia Pellas). Costa Rica: Corporación de Supermercados Unidos CSU (Familia Uribe); Durman-Esquivel (Familia Durman – Esquivel); Dos Pinos (Cooperativa de 1600 productores); La Nación (principales accionistas: Jaime Solera Benett, Manuel Jiménez de la Guardia, Francisco Mendiola Bengoechea, Fernanado Madrigal Antillón). Panamá: Banistmo (familias Ballarino – Lewis, Galindo); Motta (familia Motta).

[3] Honduras a la cabeza (68,9%), seguido de Nicaragua (61,9%),Guatemala (54,8%) y El Salvador (47,9%) (FAO-PESA, 2011:5).